Este blog está pensado para trabajar con alumnos/as de primaria, personas adultas, español para extranjeros y alumnos/as de ESPA.
Nace con un objetivo práctico: ser un rincón de ampliación de conceptos, técnicas, noticias, ideas… un lugar donde poder reflexionar más a fondo.
Ortografía, gramática, matemáticas ESPA, refranes, artículos de interés, diario de trabajo y ejercicios de ampliación.
En el siglo VI antes de Cristo Epiménides pasó
a la historia cuando afirmó: «Todos los cretenses son unos
mentirosos». Dicho así no se le ve el sentido a tanta fama ¿verdad? Pero
la cuestión es que Epiménides era cretense, con lo cual si está diciendo la
verdad entonces miente. Pero si está mintiendo es verdadera. Es decir, que
tenemos paradoja asegurada cualquiera que sea la hipótesis escogida.
La
paradoja no tiene solución.
Este tipo de fallos semánticos de la lógica
provocó profundos estudios de los matemáticos en su momento, ya que temieron
por una seria crisis que llegara a demostrar que nada tenía fundamento. Uno de
los estudiosos de este proceso, quizá el más conocido, fue Bertrand Russell que
planteó la siguiente paradoja que lleva su nombre:
«Sea X el conjunto de todos los conjuntos
que no son elementos de sí mismos. Si esto es así ahora nos preguntamos ¿X es o
no elemento de sí mismo? Si X no pertenece a X, entonces, por la propia
definición de X, X pertenece a sí mismo. Pero si X pertenece a X, entonces por la
propia definición de X, estaría bien claro que X no pertenece a sí mismo».
Tomemos el caso que tomemos no hay solución y tenemos la paradoja de Russell
antes comentada.
Jesús Hernandez, en su libro "Las 100
mejores anécdotas de la II Guerra Mundial" cuenta una muy curiosa
anécdota sobre la batalla de Stanligrado :
"Durante la larga batalla de Stalingrado [II Guerra Mundial], los
soviéticos intentaron acentuar el sentimiento de aflicción y abatimiento
de los soldados alemanes para restarles capacidad de lucha.
Para ello,
se instalaron potentes altavoces que emitían tangos durante horas,
utilizando un viejo gramófono. Los expertos en propaganda consideraron
que la melancólica música argentina serviría para que los alemanes
recordasen una y otra vez el hogar y la familia que habían dejado en su
ahora lejano país y meditasen sobre el sentido que tenía su lucha en un
medio tan hostil. Los soviéticos no se equivocaron. Al principio, las
tropas germanas recibieron este innovador ataque con muy buen humor y
hubo quienes, como gesto de desafío, se atrevieron a bailar las
canciones ante la atenta mirada de los rusos. Pero más tarde, una vez
que pasaron los primeros momentos de perplejidad ante esa insólita
táctica, la moral de los soldados alemanes acusó el efecto de esas notas
musicales que adquirían un carácter cada vez más siniestro, resonando
entre las desoladas ruinas de la ciudad."
Otra anécdota es.según relata Antony Beevor en su impresionante "Stalingrado" (ed. Crítica)
cuando un soldado moría acurrucado por el frío, sobre todo en los
últimos momentos de la resistencia alemana y en los improvisados
hospitales donde los dedos congelados se quedaban prendidos de las
vendas, sus compañeros lo sabían por un hecho singular. Nadie se movía,
pero en el instante en el que el corazón del soldado dejaba de latir,
una procesión de piojos salía por sus mangas y las perneras del
pantalón en busca de algún compañero al que aún pudieran parasitar. La
crueldad de la imagen puede parecer un contrapeso inhumano al hecho de
que los alemanes dejaron morir de hambre y frío a numerosos prisioneros
encerrados en cercas de alambre de espino.MÁS ANÉCDOTAS
La decisiva batalla de Stalingrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943, fue uno de los hitos más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Más, a partir de ese momento, al que se sumó más tarde la batalla de miles de tanques y tropas rusas en Kursk, signó la derrota definitiva de Alemania, que empezó a retroceder hasta quedar apretada en su propio territorio.
Tras el relativo fracaso de la invasión de 1941, que había conseguido
importantes conquistas pero había fracasado en su intento de ocupar Moscú y
Leningrado, Hitler, incapaz de lanzar en 1942 una ofensiva de igual magnitud,
optó por pasar a un ataque limitado en vez de consolidar las anexiones
conseguidas.
El ataque se dirigió hacia el sur con la finalidad de acceder
al petróleo del Cáucaso. En un principio, la "guerra relámpago" alemana fue un
total éxito y las tropas alemanas avanzaron vigorosamente. Sin embargo, hubo
un momento en que el ejército alemán se dividió en dos objetivos: ocupar la
ciudad de Stalingrado en el Volga, punto clave hacia los Urales, y continuar
el avance hacia el sur, hacia el Cáucaso.
Esta división de fuerzas fue fatal ya que las tropas nazis se encontraron
con una creciente resistencia soviética. Hitler decidió concentrarse en ocupar
la ciudad que llevaba el nombre del dictador soviético. Una brutal lucha casa
por casa llevó al ejército alemán al corazón de la ciudad.
Sin embargo, el ejército de Von Paulus, cada vez más agotado y
desmoralizado, no pudo impedir la maniobra envolvente de los soviéticos. El 23
de noviembre, el VI Ejército alemán estaba totalmente rodeado. Más de un
cuarto de millón de tropas alemanas y de otros países aliados del Eje había
sido cercadas. Hitler ordenó a Von Paulus continuar la resistencia.
Finalmente el 31 de enero de 1943, Von Paulus firmó la rendición. Acababa
de terminar la batalla clave de la guerra. En adelante, el ejército hitleriano
no cesó de retroceder en el frente oriental hasta su completa derrota en 1945. MÁS INFORMACIÓN
Federico II el Grande de Prusia nació en
Berlín el 1712, falleciendo en 1786. Durante los últimos 30 años de su
vida fue Rey de Prusia.
Uno de los más grandes hombres de Prusia. Aquél que iniciara un nuevo reino y
transformara su país en gran potencia alemana y europea. Intelectual, carismático
y excelente monarca. El fue: Federico el Grande.
No sé si será cierta pero en varios anecdotarios
se cuenta una anécdota muy curiosa de él.
Resulta
que un buen día estaba trabajando en su despacho privado contestando su
correspondencia. Como tenía mucho trabajo, pidió a sus criados que le
trajeran algo de comer allí mismo. Al cabo de un rato le sirvieron un
plato, pero el rey tuvo que levantarse a buscar unos documentos a la
dependencia anexa. Cuando tras unos minutos volvió y se sentó dispuesto a
dar cuenta de lo que le habían servido, al ir a meter el cubierto se
dio cuenta que un hilo de una arañan se había tendido desde el techo
hasta el plato. Rebuscando entre el alimento se dio cuenta que la araña
se había descolgado del techo y estaba dentro de la comida, por lo que
llamó al criado y le dijo que se lo llevara.
Cuando
el criado entró y vio que el rey le decía que no quería esa comida, fue
presa del nerviosismo huyendo atemorizado. El rey sorprendido por su
actitud y sospechando lo peor mandó apresarlo, tras lo cual el criado
confesó que había envenenado la comida, por lo que pensó en un primer
momento que el rey había descubierto su intento de magnicidio
delatándose. Aquella modesta araña le había salvado la vida a Federico
II el Grande.
Cuenta la historia que Julio
César cuando aún no había iniciado su carrera política, aunque ya había
empezado a destacar en el ejército, en concreto en el año 75 antes de Cristo
(nació en el 100 antes de Cristo y falleció en el 44). Viajó a Rodas para aprender
Retórica en la escuela donde daban clases Apolonio y Molón, asignatura de gran
importancia en la época. Tras los cursos embarcó de nuevo para volver a Roma
cuando fue capturado por un barco de piratas cilicios.
En la Antigüedad, Cilicia (en griego Κιλικία, en armenio Կիլիկիա) era la designación que se le daba a la Anatolia, que ahora se conoce como Çukurova. Fue una entidad política en la época de los romanos. Cilicia se extendía tierra adentro desde la costa sudoriental de Asia Menor (la actual Turquía), hacia el norte y noreste de la isla de Chipre, y comprendía alrededor de un tercio de la superficie de Anatolia.
zona costera meridional de la península de
Los piratas se dieron cuenta
de que ciertamente era un aristócrata pero de poca monta en aquella época por
lo que fijaron un rescate moderado, en concreto de 20 talentos de plata, lo
cual equivaldría a unos 80.000 euros actuales más o menos. Pero César de manera
increíble, se molestó por la cifra que pedían, ya que entendía menospreciaban
su figura por lo que insistió en que debían pedir 50 talentos. Los piratas no
salían de su asombro y pidieron la cifra que decía aquel joven arrogante, lo
cual supuso para su familia un enorme sacrificio económico. De hecho
consiguieron reunir el importe del rescate casi de milagro. Los historiadores piensan que
aquel gesto aparentemente de locura de César, pues si la familia no hubiera
reunido los 50 talentos algo incierto (aunque si era seguro que hubieran reunido
los 20) le habrían ejecutado, tenía una explicación y es que puede ser que
César pensara que si los piratas pensaban que era alguien más importante de lo
que parecía tendría más posibilidades de seguir vivo el tiempo suficiente para
intentar escapar. El caso es que César durante
su cautiverio se llevó muy bien con los piratas, aunque eso sí, les advirtió
que cuando estuviera libre los buscaría y crucificaría, a lo que los piratas
contestaban siempre riendo pensando que era una broma más de aquel joven. Cuando César quedó libre los
buscó y los crucificó, aunque eso sí, en agradecimiento a que lo habían tratado
bien, les cortó antes la cabeza.
El término las “aldeas de Potemkin” equivale a villas simuladas o ficticias, construidas sólo para impresionar.
Actualmente esta idea se usa para describir, literal o figurativamente,
cualquier tipo de construcción que intenta impresionar a los demás
haciéndoles pensar que una situación es mejor de lo que realmente es. Grigori Aleksandrovich
Potemkin, mariscal de campo de todas las Rusias, fue un personaje muy famoso en
su época, ya que se puede decir que nada menos era el político favorito de la
emperatriz Catalina II más conocida como Catalina La Grande. En 1873 Rusia
consiguió conquistar Crimea, por lo que apenas cuatro años más tarde nombró a
su protegido, el mariscal Potemkin, gobernador de la nueva provincia.
La emperatriz vivía en un
mundo irreal manejada por los enredos de sus políticos, donde no se enteraba de
la misa la mitad ni de la realidad dura y cruel que la circundaba, como por
ejemplo la horrenda miseria en la que vivían tras guerras y penalidades sus
nuevos ciudadanos de Crimea.
Potemkin, deseoso de agradar a su protectora y
sabiendo que estaba peor de la vista que Rompetechos, se encargó de organizar
la ruta que seguiría en su visita a Crimea Catalina. Pero previamente mandó una
legión de albañiles y carpinteros que construyeron a lo largo de toda la ruta
imperial una serie de fachadas en las que dibujaron a ciudadanos felices y
contentos que se asomaban a las ventanas saludando. Las fachadas así ocultaban
las aldeas míseras que había detrás de las mismas donde la gente se moría de
hambre y de frío, hacinados en sus míseras chozas realizadas con materiales de
fortuna. La emperatriz pasó con su
carruaje y entre la distancia y lo corta que era de vista la pobre no se dio
cuenta del engaño y cuando volvió a su palacio se llevó una grata impresión de
lo felices que eran sus administrados. En cuanto el carruaje pasaba de vuelta
los carpinteros del gobernador Potemkin quitaban las fachadas falsas y la
miseria volvía a verse en su cara más cruda. Este episodio pasó a la historia
con el nombre de "Las aldeas Potemkin Consecuentemente en la vida actual,las empresas buscan impresionarnos y cautivarnos para capturar nuestros ahorros, cuando usted esté buscando invertir su dinero en una empresa o en un negocio, en bolsa o en fondos de inversión incluso en política o negocios de empresa y vea una estructura con demasiados directores múltiples de alta popularidad y
estatus, desconfíe. Podría estar ante una aldea de Potemkin. Recuerde no
cometer el error de Catalina II. Detenga su barco, bájese del mismo y
realice un escrutinio minucioso de la aldea que tiene frente a usted.
“Golpee y abra todas las puertas de la aldea” hasta estar seguro de que
lo ve es realidad y no un engaño.
Como tantos otros genios de la
humanidad, en su infancia sufrió la incomprensión de sus educadores que nunca
supieron cómo tratarle, hasta llegar a comentar que este gran inventor era
torpe y casi retrasado. Esto es algo realmente muy frecuente entre muchos niños
prodigio que sencillamente se aburren en la escuela cuando sus maestros les
cuentan algo sobre lo que ellos podrían dar clases al maestro. Al final,
expulsado de varios colegios, tuvo que terminar en su casa donde su madre, que
sí era consciente de que simplemente estaba a un nivel muy superior a los
demás, le educó convenientemente. Vean esta interesante cita de
este artículo de “TDAH Journal” donde se cuenta de qué manera más curiosa
descubrió el telégrafo automático: "A lo largo de su
adolescencia pasó por muchos trabajos, mientras que paralelamente dedicaba todo
su tiempo a inventar: por ejemplo, mientras trabajaba como telegrafista de un
ferrocarril tenía que emitir un mensaje una vez por hora, abrumado por la
rutina, inventó una forma de transmitir su señal automáticamente. Cuando
descubrieron “la trampa” fue despedido: necesitaban que él estuviese atento no
que simplemente saliera la señal. Sin embargo, el invento se convirtió en el
primer telégrafo automático y el primer antecedente de las actuales
máquinas automáticas de emitir tickets."
Otra anécdota muy curiosa. Cierta vez el general Leffers, director de la compañía de telégrafos
más importante de los EE.UU., mandó llamar a a su despacho a Tomás Alva
Edison, que en ese momento tenía veinte años de edad y, sin embargo, ya
era dueño de varias patentes de inventos que se podían aplicar al
telégrafo.
El General, acostumbrado a ir directo al grano, le dijo: -Lo he hecho venir porque quiero que nos venda los derechos de sus patentes. ¿Cuánto quiere por ellas?
Edison, en más de una ocasión, había pensado en venderlas. Se quedó en silencio, cavilando sobre la cantidad de tiempo que había empleado en inventar dichas aplicaciones. Tenía, además, la intención secreta de tener el suficiente dinero
para ocuparse completamente en sus inventos. Pensó por un instante en pedir cinco mil dólares, una cantidad de dinero considerable para ese tiempo. Sin embargo, se dijo a sí mismo que probablemente sería mucho dinero,
así que varió mentalmente a tres mil dólares.
Mientras él pensaba, el general lo miraba impaciente y, de pronto, como
pensó que Edison lo estaba meditando mucho, interrumpió las cavilaciones
del joven y le dijo:
-¿Qué le parece si le pagamos cuarenta mil dólares?
Edison, que relató el incidente a un grupo de amigos, cuenta que de
pronto sintió un pequeño desvanecimiento al oír dicha suma, que excedía
con creces lo que él pensaba pedir.
Casi en un susurro, con una voz poco convincente, accedió a dicha suma. Aunque parezca increíble, el inventor más prolífico de la historia, creador de aparatos como la bombilla, el fonógrafo y el proyector de películas, Becado con un curso de telegrafía por haber salvado la vida al hijo de un jefe de estación, desarrolló en 1863 su primer invento -un equipo telegráfico simplificado-, mientras trabajaba de telegrafista en el ferrocarril. Perdió su empleo por incendiar un vagón durante un experimento. Más información:
Felipe IV no pasó a la
historia precisamente por sus grandes dotes políticas, pero sí por sus devaneos
amorosos que eran muy numerosos. Sus amantes eran muchas y lo peor para ellas
era que tras terminar la aventura con el rey ellas terminaban también... pero
en un convento, pues se decía que quien había pertenecido al rey ya sólo podía
pertenecer a Dios, lo cual por cierto le espantaba la clientela, pues no todas
querían terminar en un convento.
Y así, era famosa la frase de algunas señoras
cuando el rey les echaba los tejos: "Disculpe Majestad, pero no he
nacido para ser monja". Una de las que sí aceptó el
devaneo de turno, según se dice, era una mujer viuda de la que el rey se
encaprichó. Para evitar habladurías, la visitaba con noche cerrada en su propia
casa. Los rumores empezaron a circular por la zona, ya que se empezaba a
murmurar que un caballero embozado en su ropa y sombrero, por lo que no se
podía ver quién era, tocaba quedamente todas las noches en la casa de la viuda
para escándalo de sus vecinos, en fin ya saben cómo eran entonces las cosas. Al
final, la autoridad del lugar al servicio del rey decidió intervenir y una
noche un servidor público con sus armas se presentó en la casa de la viuda por
sorpresa y en horas muy tardías.
El alguacil real apostado
entre las sombras había visto entrar a aquel hombre, por lo que sabía
positivamente que estaba dentro, pero le sorprendió la calma de la mujer. Tras
revisar toda la casa entraron en el dormitorio de la dama y al ver cómo los
cortinajes que estaban detrás de la cama se movían, preguntó a la viuda: - "Decidme, vive Dios,
quién se esconde de la justicia real ahí, tras esos cortinajes". - "Nadie, ahí sólo tengo
un retrato de tamaño natural del rey, pero no le aconsejo que lo vea de tan
realista que es, el parecido es enorme" -dijo la mujer. Pero el alguacil creía que le tomaba el pelo, por lo
que corrió cautamente con la punta de su espada el cortinaje y ahí, claro está,
estaba el rey escondido. El alguacil, al verlo y sabedor de sus correrías y
temeroso de algún castigo, le hizo una pronunciada reverencia y se fue
rápidamente comentando en voz alta que estaba impresionado por el increíble
parecido que tenía el retrato con el propio rey que él trataba a menudo.
Grigori Aleksandrovich
Potemkin, mariscal de campo de todas las Rusias, fue un personaje muy famoso en
su época, ya que se puede decir que nada menos era el político favorito de la
emperatriz Catalina II más conocida como Catalina La Grande. En 1783 Rusia consiguió
conquistar Crimea, por lo que apenas cuatro años más tarde nombró a su
protegido, el mariscal Potemkin, gobernador de la nueva provincia. La emperatriz vivía en un
mundo irreal manejada por los enredos de sus políticos, donde no se enteraba de
la misa la mitad ni de la realidad dura y cruel que la circundaba, como por
ejemplo la horrenda miseria en la que vivían tras guerras y penalidades sus
nuevos ciudadanos de Crimea. Potemkin, deseoso de agradar a su protectora y
sabiendo que estaba peor de la vista que Rompetechos, se encargó de organizar
la ruta que seguiría en su visita a Crimea Catalina. Pero previamente mandó una
legión de albañiles y carpinteros que construyeron a lo largo de toda la ruta
imperial una serie de fachadas en las que dibujaron a ciudadanos felices y
contentos que se asomaban a las ventanas saludando. Las fachadas así ocultaban
las aldeas míseras que había detrás de las mismas donde la gente se moría de
hambre y de frío, hacinados en sus míseras chozas realizadas con materiales de
fortuna.
La emperatriz pasó con su
carruaje y entre la distancia y lo corta que era de vista la pobre no se dio
cuenta del engaño y cuando volvió a su palacio se llevó una grata impresión de
lo felices que eran sus administrados. En cuanto el carruaje pasaba de vuelta
los carpinteros del gobernador Potemkin quitaban las fachadas falsas y la
miseria volvía a verse en su cara más cruda. Este episodio pasó a la historia
con el nombre de "Las aldeas Potemkin". Como ven, a veces la realidad
es más difícil de creer que la ficción que vemos a veces en las películas y hay
que dejar claro que este es un episodio rigurosamente cierto. Más información
"La sabiduría de las masas", realmente curiosa la anécdotav que aparece en el último libro de James Surowiecki titulado: "The
Wisdom of Crowds: Why the many are smarter than few".
Cuenta la historia del científico británico Francis Galton (1822-1911) -que
por cierto era primo del famoso Charles Darwin, el propulsor de la Teoría de la
Evolución- que en 1906 visitaba una feria de ganado. Este científico defendía la
tesis de que el sufragio universal era un error y que sólo debían votar los más
informados y aptos. Pero todo cambió en su mente en esa feria.
Resulta que en un determinado momento se fue a sortear una cabeza de ganado
entre los asistentes. Para concursar había que escribir el peso correcto de la
res en una hoja. El científico pensó que, teniendo en cuenta que la mayoría de
los que estaban concursando sólo habían entrado en la feria por curiosidad sin
tener ni idea de ganado (y así era), lo que iban a poner en las papeletas era un
disparate que además confirmaría su tesis antisufragio universal.
Así que cuando terminó el sorteo, se entretuvo en recoger las papeletas del
suelo y en sacar la media de lo que habían puesto allí los partícipes.
Dicha media era de 1.197 libras de peso, lo curioso es que el animal pesaba
en realidad ... 1.198 libras.
Aquello cambió para siempre las poco democráticas ideas de Francis
Galton.
-->
El sentido común
El
27 de octubre de 1962, sábado para más detalles, no fue un día cualquiera.
Seguramente gracias a lo que pasó aquel día, o más bien a lo que no pasó,
estamos ahora aquí.
Pueden
informarse extensamente de los apasionantes sucesos de aquel decisivo día en
este artículo del Real Instituto Elcano de Estudios Estratégicos e
Internacionales y que también apareció en el diario El País hace algunos años
En
el mismo Emilio Lamo de Espinosa, que es su autor, cuenta la interesante
historia del marino Arkhipov a quien le debemos mucho, aunque no le conozca
casi nadie.
Resulta
que en aquella mañana del 27 de octubre de 1962 los EEUU y la URSS estaban en el punto
crítico de la crisis de los misiles cubanos. La tensión estaba al límite,
algunos aviones habían sido derribados y EEUU había llegado a ordenar la
invasión de Cuba para las cuatro de la tarde.
Justo
cuando la crisis estaba al máximo un barco ruso y un submarino llegaron a la
línea de bloqueo
alrededor de Cuba que habían instalado los norteamericanos.
Al
acercarse, el submarino activó un mecanismo electrónico para despistar que fue
confundido por un torpedo por un destructor de EEUU de los que formaban el
bloqueo, por lo que, creyéndose atacado, empezó a lanzar cargas de profundidad
al submarino ruso.
Lo
que no sabían era que el submarino ruso llevaba torpedos con cabeza nuclear y
que estaba autorizado para usarlos a su criterio si no podía comunicar. El
submarino sumergido, con las comunicaciones cortadas, aguantó varias horas, con
el aire casi agotado y las explosiones a su alrededor sin saber muy bien qué
pasaba ni si estaban ya en guerra. Al final el capitán reunió a los tres
oficiales que decidían si se disparaba con armas nucleares para repeler el
ataque o no, algo que habría sido definitivo para iniciar una guerra nuclear
que habría puesto en peligro al mundo entero.
Como se cuenta en este artículo,
el capitán voto sí, el segundo votó sí, pero el comandante adjunto, el marino
Arkhipov, votó no. No había la unanimidad que ordenaba el reglamento militar
ruso, el torpedo nuclear no se disparó y la guerra no comenzó.
Impresionante
esta anécdota, pone los pelos de punta, pensar cómo a veces prácticamente el
futuro de la humanidad, el que podamos estar ahora aquí, dependió de la sola
voluntad de un hombre, de un viejo marino que se dejó llevar por lo más valioso
que tenemos los seres humanos, el sentido común.
Francisco Arjona Herrera
"Cúchares" fue uno de los grandes maestros del toreo de todos los
tiempos. De hecho, su fama trascendió como una leyenda y muchos aficionados a
la tauromaquia hablan del “arte de Cúchares” para referirse a ella. Nació en
1818 en Madrid y murió en La Habana el 4 de diciembre de 1868. Tiene multitud
de anécdotas y algo de fama de bravucón y así hay una que cuenta que una tarde
desde el tendido un aficionado que le apreciaba mucho le gritaba: “¡Cuidado con
el toro maestro que le va a coger!”, ante algunas maniobras de Cúchares, hasta
que en una de esas el torero le respondió: “¿Cómo me va a coger a mí un
toro? ¿Cómo? ¡Como no me tire un cuerno!” Ya ven cómo se las gastaban. Pero la anécdota que más me
divierte es una que cuenta que volvió de París diciendo que estaba defraudado
porque nadie allí era capaz de entenderse con él en español, a pesar de las
facilidades que según él daba, y contaba lo siguiente. Al parecer iba dando un paseo
por la ciudad cuando se le hizo la hora de comer y no encontraba ningún sitio
cerca de donde estaba, por lo que como no hablaba ni una palabra de francés
empezó a preguntar a todos los viandantes que encontraba a su paso si hablaban
español. Al final encontró a un señor que le dijo que sí y el maestro le espetó
según él mismo contaba:
“Meno
mal que he encontrao a alguien que hable españo, viva la madre que le parió.
¿Podría usté haserme el favó de indicame onde hay un figón pa jamá un poco que
tengo una jambre que no diquelo?” Según el maestro, se encontró con la sorpresa de que, a
pesar de que este señor decía hablar español, no supo entender la pregunta con
lo sencilla que era. Lo mismo le sucedió con otros interpelados.
No
resulta ningún secreto que entre los grandes genios Kepler y Galileo no había
precisamente una relación cordial, ni personal ni en cuanto a las diferentes
concepciones astronómicas que ambos tenían. Pero aún así, no abundaban precisamente
personas en aquel siglo XVII versadas en ciencia por lo que a menudo, muy a su
pesar, estaban en contacto. Hay una anécdota divertida entre ambos pero no
demasiado extendida que cuenta que Galileo ante un descubrimiento de astronomía
decidió avisar a Kepler. Entre ellos utilizaban un código para enviarse
mensajes realmente curioso, tomaban el
texto en latín y lo descomponían en letras sin orden. El que recibía el mensaje
debía recomponer la sopa de letras en el debido orden para enterarse de lo que
le decían. Pues bien Galileo escribió:
S m a i s m r m i l m e p o e t a l e u m i
b u n e n u g t t a u i r a s
Kepler
esta vez, no conseguía entender lo que decía Galileo pero no iba a dar su brazo
a torcer fácilmente así que trabajó hasta que consiguió ordenar las letras de
esta forma:
Salue umbistineum geminatum Martia proles, es
decir, que según él le hablaba de algo relativo a unos hijos que tenía Marte,
por lo que entendió que le notificaba la existencia de unos satélites del
planeta Marte.
Pero
lo que Galileo había enviado realmente era: Altissimum planetam tergeminum observavi,
es decir, se refería a que el planeta más alto o más alejado, en alusión al
planeta Saturno en aquella época, tenía una forma determinada, que por cierto
era errónea como luego se descubrió.
Resulta que en
una ocasión su hijo Gonzalo se presentó a un examen de literatura, dentro de
las pruebas de admisión en un prestigioso centro de estudios londinense.
Dio la
casualidad de que una de las preguntas del cuestionario versaba sobre una de
las obras de su padre, en concreto del libro "El coronel no tiene quien le
escriba". La pregunta era: "¿Qué representa la figura del gallo en el
libro 'El Coronel no tiene quien le escriba?'" Aquello era
muy fácil para el joven Gonzalo que estaba harto de escuchar a su padre
explicar en casa que aquel gallo que hereda el viejo coronel, que se pasa la
vida en su casa llena de deudas mientras espera la pensión, simbolizaba la
legendaria gallina de los huevos de oro.
Pues bien, la
respuesta le fue dada como incorrecta, a pesar de, por supuesto, estar
totalmente en lo cierto. ¡Dejaría de saberlo él que era el hijo del autor! El
profesor sólo dio por buena la contestación que él había explicado a los
alumnos que era que el animal representaba la fuerza popular reprimida.
A García
Márquez siempre le divirtió aquello, pues reconoce que inicialmente el final
del libro era que el coronel le retorcía el pescuezo y hacía con él una sopa de
protesta.
Arthur Schopenhauer tiene una divertida anécdota de la época de cuando era
profesor en Berlín hay una conocida anécdota que cuenta que al inicio del curso
solía hacer una pregunta a sus alumnos.
- "Por favor, que levanten la mano todos los que hayan leído mi libro sobre
las relaciones humanas y la mentira".
Lo normal era que se levantaran multitud de manos, tras lo cual Schopenhauer
decía:
- "Estupendo. Tras esto sé que van a escuchar con atención y conocimiento de
causa la lección de hoy sobre la mentira humana, ya que si quieren que les sea
franco nunca he escrito ningún libro ni publicación sobre ese tema".
La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se
sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los
demás, muestra cuánto se aburren.
En 1865 los primeros y rudimentarios coches empezaban a aparecer en
Inglaterra. Pero aquello parecía ser un peligro para los intereses de algunos,
como por ejemplo los empresarios que explotaban líneas de diligencias o de
ferrocarril, por lo que empezaron a presionar a los políticos que promulgaron
una nueva ley.
Cada coche debía ir con tres tripulantes al menos y uno de ellos debía andar
por delante del coche enarbolando ostentosamente una bandera roja para avisar
del peligro. La velocidad quedaba limitada a un máximo de 6 kilómetros por hora.
Aquella curiosa ley que frenó totalmente el desarrollo de la incipiente
industria automovilística en Reino Unido se mantuvo hasta 13 años después.
La historia del automóvil empieza con los vehículos autopropulsados por vapor
del siglo XVIII. En 1885 se crea el primer vehículo automóvil por motor de
combustión interna con gasolina. El francés Nicolas-Joseph Cugnot (1725-1804)
construyó un automóvil de vapor que circuló por París en 1769 y que perfeccionó
en otros dos modelos.
En 1784 William Murdoch construyó un modelo de carro a vapor y en 1801
Richard Trevithick condujo un vehículo en el Reino Unido. En ambos se
desarrollaron el freno de mano, las velocidades y el volante.
En 1815 Josef Bozek, construyó un auto con motor propulsado con aceite. El
belga Etienne Lenoir hizo funcionar un coche con motor de combustión interna
(1860), propulsado por gas de carbón, y en 1870, en la ciudad de Viena,
Siegfried Marcus, uno a base de gasolina.
Es aceptado que los primeros autos con gasolina fueron desarrollados por los
alemanes Karl Benz en 1885 y que empezó a producir en 1888; y en el 1889,
Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach diseñaron su coche. H
Una de las
facetas más interesantes de la vida del genio de la literatura española Camilo
José de Cela fue su etapa de senador. De hecho, hay muchas personas que
desconocen que lo fue. En 1977 fue nombrado senador por designación real en las
primeras Cortes Generales de la etapa democrática y allí estuvo hasta 1979. En
ese tiempo colaboró en la revisión del texto constitucional y muy especialmente
en su revisión lingüística, además de otras aportaciones al idioma en general. De aquella
época data una muy conocida anécdota que cuenta que un buen día el senador que
estaba sentado a su lado se dio cuenta que a Cela le había vencido el sopor y
estaba dando cabezazos medio dormido en su asiento. Algo molesto por aquello le
dijo con una cierta impertinencia: "¡Señor Cela! ¿Está usted
dormido?" Don Camilo que efectivamente estaba en los brazos de Morfeo se
despertó abruptamente y enfadado espetó a su compañero: "Mire usted, su
señoría, no, no estoy dormido, estoy durmiendo". Asombrado el
otro senador le volvió a preguntar: "Pero hombre, ¿es que no es lo
mismo?" A lo que Cela realmente furioso le soltó en una frasecita de la
suyas que ha pasado a la historia: "Pues no señoría, no es lo mismo, al
igual que no es lo mismo estar jo..do que estar jo..endo" (los puntitos
son la censura, cuando lo lean hagan ustedes mismos con la boca pittttttt)
John Dalton nació en 1766 en
Inglaterra, en Cumberland. Era el hijo de un tejedor muy humilde que no tenía
medios para procurarle una educación pero Dalton hijo era tan inteligente que
se educó de forma casi autodidacta y a los doce años ya era maestro en una
escuela cuáquera cuya religión profesaba. Con tan sólo 19 años era ya el
director de la escuela. En 1792 ya daba clases en la Universidad de Manchester
y no llegó más lejos porque prefirió renunciar a su trabajo de profesor para poder
dedicarse a sus descubrimientos. Fue el primer científico que propuso que el
origen de la lluvia viene de un descenso de la temperatura y asimismo descubrió
que las auroras boreales se producían por el magnetismo terrestre. Su
descubrimiento más famoso fue la formulación de la teoría atómica en el año
1803. Propuso acertadamente por primera vez de forma científica (la teoría ya
fue propuesta de forma intuitiva por Demócrito de Abdera) que los compuestos
estaban constituidos por la combinación de átomos de elementos diferentes en
proporciones definidas por números enteros pequeños. Por todos estos hechos
Dalton ha llegado a ser considerado como el padre de la química moderna.
Pero a pesar de estos logros
Dalton es conocido sin saberlo por la mayoría de los seres humanos aunque no
tengan conocimientos de física. El motivo es que Dalton padecía discromatopsia,
una enfermedad, una especie de ceguera genética para los colores que desde
entonces llevó para siempre su apellido y se llamó daltonismo. ¿Ven cómo sí que
han oído hablar de Dalton sin saberlo? Es una enfermedad muy extendida que
padece casi el 9 por ciento de las población al que causa muchísimo problemas y
sufrimiento una sociedad que utiliza los colores para numerosas cuestiones
vitales de la vida moderna. Dalton estaba convencido de que su problema era que
sus ojos estaban bañados por un líquido desconocido de color azul que absorbía
en sus ojos el color rojo. Por supuesto, no pudo asegurarse de esto y en 1844
cuando murió legó sus ojos a la ciencia para ver si se confirmaba su teoría.
Muchos años después los científicos Molton y Hunt estudiaron sus ojos disecados
y su ADN y descubrieron, aparte obviamente que no tenía ningún líquido azul,
que en realidad lo que no veía Dalton era el verde y no el rojo. Es decir,
Dalton tenía un daltonismo de tipo deuteranopo. Cuenta una anécdota curiosa
sobre Dalton, que refleja lo duro que es convivir con esta enfermedad en la
sociedad donde los colores tienen gran importancia, que él, como ya he
comentado antes, era cuáquero, por lo que era muy sobrio al vestir y siempre
vestía de oscuro por discreción. En 1832 cuando tuvo que asistir a una
recepción que daba en su honor el propio rey Guillermo IV, Dalton escogió con
esmero uno de los trajes más sobrios y decentes que encontró pues quería
vestirse de forma sobria por respeto al monarca. Para ello escogió un traje
gris oscuro que le daba aspecto serio. Lo curioso fue que cuando entró en la
recepción sus amigos mostraron caras de asombro aunque se contuvieron para no darle
un disgusto al pobre, lo que el creía que era un traje gris oscuro era en
realidad una vestimenta chillona y atrevida de color rojo escarlata que llevó
toda la tarde sin enterarse sorprendiendo a todos hasta que salió y se lo
dijeron sus amigos
En Alcalá un buen
día, cuando se había escapado de noche sin permiso y deambulaba por las calles,
escuchó cómo desde un balcón una bella dama que iba acompañada de un jovenzuelo
con pinta de ser su criado le llamaba queda y dulcemente.
Además había un cubo
que dejaban caer desde el balcón atado con unas poleas. No lo dudó ni un
instante y presuroso se subió al cubo y pidió que le izaran. El cubo empezó a
ascender hasta que llegó a una altura en la que estaba a mitad de camino entre
el suelo, demasiado alto para saltar, y el balcón, demasiado lejos para poder
subir. Entonces se dio cuenta que todo había sido una broma.
Se armó tal griterío que una ronda de la Santa
Hermandad terminó por acercarse al lugar a ver qué pasaba y en la oscuridad de
la noche gritaron el consabido: "¿Quién vive?". A lo que Quevedo,
atrapado, contestó con una frase que luego pasó a la historia y aún se usa hoy
en día como sinónimo de que las cosas no avanzan: "El señor Francisco de
Quevedo, que ni sube ni baja ni está quedo". Se dice cuando alguien, metido en un aprieto, no acierta a salir de él y causa
malestar a quienes le rodean.
Zenón de Elea fue un filósofo que vivió en el siglo V antes de Cristo. Fue
famoso por sus paradojas con las que negó en todo momento la existencia del
movimiento.
Cuentan que un buen día iba dando unas clases a campo abierto a alguno de sus
alumnos jóvenes y al pasar por delante de una casa salió corriendo hacia ellos
un perro enorme con muy malas pulgas ladrando sin parar. Zenón salió corriendo,
más rápido incluso que sus alumnos. Cuando consiguieron esquivar al perro y se
sentaron todos a descansar sobre unas piedras, uno de sus alumnos le pregunto: -
"¿Y por qué corríamos todos para huir del perro si como está demostrado el
movimiento no existe y nunca nos podría alcanzar?" A lo que Zenón respondió:-
"Por supuesto, está claro que en realidad no nos hubiera alcanzado, pero se
habría producido una imaginaria ilusión de nuestros sentidos realmente pavorosa
que nos habría dejado los nervios destrozados aun sin motivo". Su vida
Corría
el año 1904 en un hogar londinense. Allí vivía un niño de tan sólo cinco años
de edad que tenía un padre amante de la disciplina más exagerada que uno pueda
imaginar. Un buen día el niño cometió una pequeña travesura, no está registrado
qué fue exactamente pero según todos los indicios una tontería sin ninguna
importancia propia de un niño tan pequeño. Pero el padre de Alfred Joseph, que
así se llamaba el pequeño y que además profesaba una religiosidad radical,
temeroso de que su niño anduviera camino del fuego eterno, se fue a su despacho
y escribió una carta. A continuación llamó al pequeño Alfred y le ordenó que se
acercara a la comisaría de policía que estaba cerca de casa y le diera al
responsable que era amigo del padre la carta. Alfred se fue a la comisaría y le
doy la carta al comisario.
En la carta el padre había cometido la salvajada de pedir al comisario que
encerrara a su hijo de tan sólo cinco años aquella noche en la cárcel para que
mientras le encerraba le dijera que "así terminan los chicos malos" y
aprendiera la lección. Está claro que en realidad al que debían haber llevado
al Juzgado de Guardia y haber encerrado urgentemente es al padre, pero el caso
es que el pequeño Alfred fue llevado a una celda hasta la mañana siguiente.
Aquello marcó a ese niño para siempre como él mismo reconoció, causándole una
fobia a la cárcel. No obstante, aquel niño fue famoso, muy famoso, seguro que
ustedes sabrán quién era el pequeño Alfred si les digo que su apellido era
Hitchcock. Según muchos de sus biógrafos aquella experiencia infantil le marcó
tanto que las fobias creadas salieron a relucir en el comportamiento de muchos
de aquellos criminales que poblaron su filmografía