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martes, 19 de enero de 2021

Riesgos de retirar el moho de un alimento y comer el resto

 Naranja con moho

¿Quién no ha cortado la parte pocha de una manzana, una fresa o un melocotón y se ha comido el resto? También es habitual rebañar el moho que asoma en la parte superior de un tarro de mermelada y aprovechar lo que queda, que parece estar en buenas condiciones y, además, sigue teniendo buen sabor. Aparentemente, así evitamos los riesgos de la comida en mal estado y el desperdicio de alimentos. Lo cierto es que no: la parte fea visible es un indicador de la contaminación invisible que no se puede ver ni oler, pero que probablemente se extiende ya por todo el alimento. Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos, dietista-nutricionista y autora del libro Come seguro comiendo de todo (Planeta, 2020) expone los riesgos de comer alimentos pochos o con moho, aunque solo sea en una parte.

El término moho se utiliza para designar varios tipos de hongos filamentosos de muy pequeño tamaño que se desarrollan sobre la materia orgánica en descomposición. Crecen en cereales, frutas desecadas, frutos secos, especias, café, una salsa de tomate que se deja abierta en la nevera, pan de molde, fruta… Hay muchos géneros, pero los que más preocupan en relación con la alimentación son los de las familias Aspergillus, Penicillium y Fusarium. “Cada uno produce distintos tipos de micotoxinas y sus efectos son muy variados”, señala Robles

Y llegamos al meollo de la cuestión. Las micotoxinas son las verdaderas culpables de los peligros para la salud. “No te molestes en buscarlas: son invisibles, incoloras e inodoras”, advierte la nutricionista en su libro. Se trata de unos compuestos químicos producidos de forma natural por diversos hongos, entre ellos, los anteriormente mencionados. Su velocidad de producción depende de la temperatura: en términos generales, se generan más entre los 24º C y los 28º C, mientras que en condiciones de refrigeración disminuye tanto el crecimiento fúngico como la producción proporcional de micotoxinas.

Estos compuestos se pueden formar en distintos puntos de la cadena alimentaria: en el campo (durante el cultivo), en la cosecha y durante el almacenamiento. Una vez que hacen su aparición en un alimento, ya no hay nada que se pueda hacer para descontaminarlo: ni industrialmente ni en casa, ya que no desaparecen con el cocinado.

Peligros a corto y largo plazo

“Cuando se ingiere un alimento con una cantidad importante de micotoxinas pueden surgir problemas gastrointestinales”, explica Robles. También pueden ocasionar otros problemas agudos, como lesiones hepáticas y renales, alteraciones inmunológicas o daño fetal.

Pero lo verdaderamente preocupante y la razón principal por la que hay que evitar el consumo de cualquier alimento que se sospeche que contiene estas toxinas es que, a largo plazo, “el consumo crónico de dosis pequeñas durante un tiempo prolongado puede alterar el ADN y producir cáncer”.

En este sentido, las micotoxinas más relacionadas con el desarrollo de tumores son las denominadas aflatoxinas, que se han relacionado específicamente con un aumento del riesgo de cáncer de hígado.

Cómo prevenir los riesgos

Evitar los peligros asociados a las micotoxinas no es difícil. La primera barrera se encuentra en la legislación dirigida a la industria alimentaria, que estipula los límites máximos de estos compuestos que puede haber en los alimentos más susceptibles y lo hace “con un margen de seguridad amplio para que los alimentos sean inocuos para toda la población”, detalla la tecnóloga de alimentos.

Los siguientes filtros corren a cargo del propio consumidor. Estas serían las principales recomendaciones:

  • Respetar la fecha de caducidad y de consumo preferente de los alimentos

  • Conservar cada producto en su lugar correspondiente (en la nevera, en un lugar fresco y seco…), manipularlo de forma adecuada y mantener unas buenas prácticas de higiene.

  • No guiarse ni por el olor ni por el sabor de los alimentos porque las micotoxinas son invisibles, no huelen y no saben a nada.

  • En caso de sospecha -y, sobre todo, cuando hay moho o una parte pocha-, tirar el producto entero.

  • Adoptar estas precauciones no solo con las frutas y verduras. Los alimentos que pueden estar contaminados por micotoxinas tienen un origen diverso, que se puede extender a los animales. Si el ganado se alimenta con productos contaminados, las micotoxinas se acumulan en sus tejidos -en la carne-  y se excretan en la leche.

“Ante la duda, esos pimientos asados que llevan unos cuantos días en el frigo, ni olerlos, ni probarlos”, concluye Robles. La referencia olfativa no es metafórica: las esporas de moho pueden producir daños respiratorios.

Y en época estival, máxima precaución. “En el verano conviene tener especial cuidado porque con las altas temperaturas los microorganismos se reproducen mucho más rápido”, alerta. “Si dejamos pasar demasiado tiempo, se multiplican exponencialmente”.

Algunos mohos son ‘buenos’

Robles recuerda que no todos los mohos son perjudiciales o indeseables. Desde la perspectiva de la industria alimentaria, algunos de ellos son grandes aliados desde tiempos inmemoriales y se usan de forma intencionada para la elaboración de productos que contengan ciertas características organolépticas. Es el caso de varios tipos de queso, como los  blandos madurados por mohos, como el brie o camembert, así como los quesos de pasta azul, entre los que se encuentran el roquefort y el cabrales.

Fuente: https://cuidateplus.marca.com/alimentacion/nutricion/2020/07/26/riesgos-retirar-moho-alimento-comer-resto-174050.html?cid=SIN00101



sábado, 23 de febrero de 2019

Los alimentos de marca blanca que es mejor evitar

Jaime Quirós – "La gran mayoría de consumidores sabe que por norma general es muy raro ganar a los productos genéricos en lo que a calidad-precio respecta. Pagar más por productos casi idénticos resulta absurdo y poco racional. Con el paso de los años, los consumidores se han ‘formado en compras domésticas’ y es difícil convencerles con promesas publicitarias ridículas.
Se aplica a todo tipo de productos, desde fármacos hasta comida. Por ser genérico no significa que sea menos efectivo, nutritivo o sabroso. Gracias a los alimentos de marca blanca podemos ahorrar 3.000 euros al año en el carro de la compra.
No obstante, hay algunas excepciones. Existen algunos alimentos de marca blanca que deberías intentar evitar. Según los expertos en nutrición, hay casos donde sí se nota demasiado la diferencia de calidad.
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Un ejemplo claro son los huevos. Supone un mercado donde las condiciones de vida e higiénicas de las gallinas y la calidad del pienso con que se las alimenta aumentan o disminuyen rápido el precio final de la docena.





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El café es uno de los productos más dañinos. Se debe principalmente a la mezcla con café torrefacto que se utiliza en su elaboración. Algunos estudios y recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud hacen referencia a la posible presencia de sustancias cancerígenas, similares a las de la carne excesivamente quemada. Aunque no existe ninguna conclusión definitiva, la recomendación es que, si se compra este producto de marca blanca, lo mejor es que sea orgánico.


Resultado de imagen de salsa de tomate 
 La salsa de tomate ejemplifica como un producto natural puede venderse lleno de aditivos que no necesitaría si fuera de calidad. Las salsas de marca blanca suelen tener excesivos azúcares y sodio añadido. La sensación de artificialidad cuando se consume es muy alta.



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Lo mismo ocurre con el chocolate. Cuanto mejores tipos de materias primas se utilicen y mayor proporción de cacao tenga, mejor será el producto final. Para reducir el precio, las marcas blancas usan grasas de muy baja calidad en su elaboración. Es mejor evitarlas si no queremos nuestra venas y caderas saturadas de lípidos perjudiciales.
Vemos como hay algunos productos ‘blancos’ que no merecen la pena. Es lógico que queramos reducir nuestras facturas, pero no deberíamos hacerlo jamás a base de comprar productos baratos de calidad muy baja. Puede que ahorres unos euros en el bolsillo, pero lo vas a pagar con la salud."
Laotracaradelamoneda 
Fuente:  https://es.finance.yahoo.com/noticias/los-alimentos-de-marca-blanca-que-te-pueden-salir-caros-161637878.html

domingo, 10 de febrero de 2019

Así debes leer la etiqueta de un producto para saber si es sano


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El etiquetado nutricional recogido en las etiquetas de los alimentos muestra datos importantes para los consumidores, en primer lugar el valor calórico o valor energético que aporta al organismo ese alimento, expresado en KJ (kilojulios) y en Kcal (kilocalorías), es decir, las calorías (la energía) que obtiene nuestro organismo al ingerir un alimento.
En segundo lugar, la composición de determinados grupos de nutrientes (grasas totales y saturadas, hidratos de carbono y azúcares, proteínas y sal). "Todo ello es importante para que nuestra dieta sea lo más saludable posible y podamos evitar o reducir la probabilidad de aparición de enfermedades relacionadas con la alimentación, como la obesidad, o la hipertensión, por ejemplo", explica Iñaki Larrea, secretario de la Sociedad Española de Seguridad Alimentaria (SESAL).
Según indica, los alimentos están compuestos por diversos tipos de nutrientes, como los carbohidratos, las grasas, las proteínas, los minerales, o el agua, entre otros. A su vez, dentro del grupo de los carbohidratos, dice que estarían los almidones, los azúcares y la fibra. Anteriormente, señala que el etiquetado nutricional se presentaba mostrando estos grupos pero, a raíz de la entrada en vigor del Reglamento 1169/2011, se exige más concreción por ejemplo indicando no sólo los carbohidratos, sino también los azúcares.


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¿Qué debemos mirar en una etiqueta?
- La fracción dulce: Si la cantidad de azúcar es muy elevada, seguramente el producto lleva azúcares añadidos. Suele ser habitual en bollería industrial, helados, dulces, pero también lácteos y embutidos.
- La fracción de grasas saturada: Es importante identificar si hay presencia de aceite de palma, una de las grasas saturadas más nocivas para nuestra salud.
- Los gramos de sal: Si un producto lleva dos gramos de sal por cada cien gramos, ya estamos en porcentajes altos. Hay que potenciar el consumo de productos bajos en sal.
- La proporción de fibra vegetal: Para que un alimento sea saludable debería tener una porción de fibra vegetal entre el 3% y el 10%.
- La fracción proteica: Si vemos que algunos productos hechos de carne tienen una fracción proteica muy baja, comparada con otros del mismo lineal, deberemos sospechar.
Información complementaria
Además de esta información (obligatoria), dice que los envasadores pueden aportar otros datos de forma voluntaria, como por ejemplo los ácidos grasos mono y poliinsaturados, la fibra, y ciertas vitaminas y minerales, pero para ello deben estar presentes en el listado recogido en el Anexo XIII del Reglamento 1169/2011 de Información al Consumidor.

"Para poder interpretar esta información nutricional, y que el consumidor pueda comprender mejor los datos recogidos en las etiquetas, hay que tener en cuenta que ha habido confusión con los valores, ingestas, o siglas por ejemplo, así que para no liar más al consumidor, lo importante es tener en cuenta que hay un valor de referencia básico, que es la ingesta de referencia", precisa el experto.
De hecho, concreta que este dato aparece recogido de forma oficial en el Reglamento 1169/2011 de Información al consumidor, donde aparecen las siguientes ingestas de referencia: valor calórico 2000 Kcal., grasa total 70 gr., ácidos grasos saturados 20 gr., hidratos de carbono 260 gr., azúcares 90 gr., proteínas 50 gr., y sal 6 gr. "Ésas son las cantidades que debe ingerir un consumidor medio a diario. Y con ese dato, los fabricantes indican de forma voluntaria y complementaria a los datos obligatorios, el porcentaje de esa ingesta de referencia que obtenemos cuando consumimos ese alimento", apostilla.
La importancia de la conservación y la caducidad
En las etiquetas, Larrea destaca también que no sólo debemos tener en cuenta la información nutricional, ya que hay más datos importantes, como por ejemplo, la forma de conservación, las fechas de caducidad o de consumo preferente, la relación de ingredientes, la forma de consumo, o el peso, por ejemplo.
Fuente:  https://ocio.diariodeibiza.es/gastronomia/noticias/nws-704879-asi-debes-leer-etiqueta-producto-saber-sano.html

domingo, 9 de diciembre de 2018

¿Es bueno tomar vitaminas para tener más energía?

Para tener más energía y afrontar con éxito el día a día tras la vuelta a la rutina, muchas personas
pueden optar por tomar suplementos vitamínicos, pero no en todos los casos se acaban alcanzando los efectos beneficiosos que se pretenden conseguir, porque no todos los individuos deben consumirlos, como son las personas sanas.
Uno de los motivos por los que se decide tomar suplementos vitamínicos puede ser el cansancio o la debilidad muscular, siendo lasenfermedades metabólicas y musculares, la anemia, la miastenia y una mala alimentación, entre otras”, las causantes de estas patologías, explica Guadalupe Blay, responsable de Endocrinología y Nutrición de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). Otro factor que también puede influir en la salud son las preocupaciones diarias, ya que mantener “una actitud negativa ante las dificultades va a condicionar nuestro estado de salud”, añade la experta.

No todas las personas deben tomarlas

“Los suplementos vitamínicos solo están indicados en aquellas personas que tienen un déficit de ellos. Por ello, con una alimentación equilibrada no hay necesidad de consumirlos, solamente en estados de carencia”, especifica la endocrinóloga. Los niños, por su parte, también pueden consumirlos si están recomendados por un pediatra.

Importante consultar al médico

Cuando se opte por consumir estos complejos vitamínicos, hay que consultar a un profesional sanitario porque “existen vitaminas liposolubles que no pueden ser eliminadas por nuestro organismo y su consumo puede ser tóxico y perjudicial, además de innecesario”, señala Blay.
Por recomendación, estos productos se toman  cuando nos encontramos ante: “Estados carenciales, personas frágiles o situaciones que no permitan una alimentación adecuada o la ingesta sea insuficiente, o por un aumento de demanda fisiológica como un embarazo”, explica la especialista de la SEMG, quien indica que los suplementos  más recomendados son los que tienen vitaminas del grupo D y B, porque, en ocasiones, con la alimentación no es suficiente.

Riesgos de su consumo

La toma de complejos vitamínicos puede ser contraproducente, ya que “tienen efectos secundarios cuando no están indicados y, si la alimentación es correcta, no son contraproducentes, sino inadecuados”, indica Blay. Los riesgos a los que se enfrenta una persona que los toma y no los necesita o abusa de su consumo “dependen del tipo de vitamina  y van desde fatiga, náuseas, vómitos, irritabilidad, insomnio, dermatitis, urticaria, dolor óseo, a daños cardiovasculares y alteraciones de la coagulación”, añade.

Alimentos donde encontrar las vitaminas

Según la experta en Endocrinología y Nutrición, las vitaminas las podemos encontrar en alimentos que conforman la dieta mediterránea como “frutas, verduras, cereales, carnes, lácteos, aceite...”.
Si se está tomando suplementos vitamínicos, “la dieta debe ser siempre equilibrada, guiándose por la pirámide alimentaria, porque un comprimido nunca sustituye el valor del micronutriente de un alimento”, concluye Blay.
Fuente:  https://cuidateplus.marca.com/bienestar/2018/10/22/-bueno-vitaminas-energia-167558.html?cid=SIN00101

sábado, 1 de diciembre de 2018

¿De dónde sacar las proteínas sin comer animales?

 
La organización Mundial de la Salud explica que el aporte proteico que debe adquirir un adulto sano oscila entre 0,83 gr. y 1,1 gr. de proteína pura por cada kilo de peso. Para facilitar el cálculo, si pesas entre 55 y 65 kg, tu adquisición de proteína oscila entre los 43,54 gr. y los 71,5 gr.





Aporte proteico de alimentos vegetales: 
Consultando la bedca (Base de Datos Española de Composición de Alimentos) podemos extraer la siguiente información útil que rompe con todos los falsos mitos sobre el consumo de carne y el déficit de proteínas de la gente vegana:
Lenteja cocida: 9 gramos de proteína por 100 gramos.
Garbanzo cocido: 8,9 gramos de proteína por 100 gramos.
Alubia cocida: 8,5 gramos de proteína por 100 gramos.
Semillas de cáñamo: 33 gramos de proteína por 100 gramos.
Cacahuetes: 23,7 gramos de proteína por 100 gramos.
Almendras: 21,2 gramos de proteína por 100 gramos.
Avellanas y nueces: 15 gramos de proteína por 100 gramos.
Sustitutos de la carne con aporte proteico:
Seitán: 21,2 gramos de proteína por 100 gramos.
Soja Texturizada: Se usa por ejemplo, para hacer una suculenta boloñesa sustituyendo a la carne. picada y aporta 22 gramos de proteína por 100 gramos.
Tempeh: 19,5 gramos de proteína por 100 gramos.
Tofu: Oscila entre los 8 y los 19 gramos de proteína por 100 gramos según sus variedades.

Pasta integral cocida: 2,6 gramos de proteína por 100 gramos
Arroz cocido:  5,3 gramos de proteína por 100 gramos
Quinoa cocida: 4,4 gramos de proteína por 100 gramos
Bebida de Soja: 3 gramos de proteína por 100 gramos
Yogur de soja: 4,6 gramos de proteína por 100 gramos
Fuente:
Pasta integral cocida: 2,6 gramos de proteína por 100 gramos
Arroz cocido:  5,3 gramos de proteína por 100 gramos
Quinoa cocida: 4,4 gramos de proteína por 100 gramos
Bebida de Soja: 3 gramos de proteína por 100 gramos
Yogur de soja: 4,6 gramos de proteína por 100 gramos
Fuente:https://es.vida-estilo.yahoo.com/de-donde-sacar-las-proteinas-sin-comer-animales-121947393.html

¿De verdad el desayuno es la comida más importante del día?

El desayuno tiene una historia interesante. Hasta el siglo XIX, la gente no pensaba mucho en ello.
Básicamente se comía lo que había ‒y eso solían ser las sobras del día anterior‒, pero una concatenación de factores elevó al desayuno a la categoría de “comida más importante del día”.
Las mujeres comenzaron a ingresar en el mercado laboral en el siglo XX, lo que significa que necesitaban algo que se preparara rápido y que fuera nutritivo para alimentar a sus niños antes de salir para pasar el día fuera de casa. Con la Revolución Industrial, a la gente comenzó a preocuparle el hecho de que estar todo el día de pie o todo el día sentados pudiera conducir a la indigestión, y creían que un desayuno copioso y saludable podría contribuir. La religión también jugó un papel importante. A medida que la gente comenzaba a tener más en cuenta su salud, algunos gurús médicos comenzaron a abrir manicomios en los que la gente era sometida un régimen de comidas insulsas y dietas vegetarianas. De hecho, los cereales Kellogg’s fueron inventados en unos de esos manicomios.

Lo más interesante de todo quizás sea que un hombre llamado Edward Bernays, quien trabajaba para la empresa Beech-Nut, estaba inmerso en una campaña para vender más beicon. Tuvo un enorme éxito, pero no sin una buena dosis de engaño. Logró que 5.000 médicos firmaran algo que decía que es mejor para la salud un desayuno copioso a base de beicon y huevos que uno ligero. Su decisión de firmar el documento se basaba más en la naturaleza persuasiva de Bernays que en razones médicas, pero lo cierto es que consiguió que se vendiera más beicon.
Hoy en día, si buscas “investigaciones sobre desayuno”, Google mostrará una cantidad enorme de resultados. La gente ha estado fascinada por la primera comida del día durante siglos y, en su mayor parte, los resultados coinciden en que el desayuno es bastante importante.



Un estudio de 1999 publicado en la revista Physiological Behavior descubrió que las personas que no desayunaban estaban exhaustas por la noche y tenían un peor rendimiento en las pruebas de memoria. De forma similar, un estudio de 2013 descubrió que los niños de menos de 13 años que no desayunaban rendían peor en las pruebas que los niños que sí habían desayunado.
Un pequeño estudio publicado este año descubría que las personas que comían gachas de avena y leche por la mañana digerían, quemaban y metabolizaban mejor los carbohidratos que aquellas que se saltaban el desayuno. Y en lo referido al aumento de peso, un estudio de 2017 descubrió que las personas que desayunaban cuatro o más veces a la semana tenían un mayor índice de masa corporal por un período de cinco años que la gente que habitualmente se saltaba el desayuno.
 Puede que una mejor memoria y un mayor índice de masa corporal no sean los únicos beneficios de un desayuno completo: un estudio publicado en la revista Appetite descubrió que comenzar el día sin desayunar está relacionado con la depresión, y un estudio de 2013 publicado en la revista italiana Journal of Pediatrics descubrió que la gente que desayuna tiene un mejor consumo global de nutrientes y mejores funciones cognitivas.
Fuente:  https://es.noticias.yahoo.com/de-verdad-el-desayuno-es-la-comida-mas-importante-del-dia-161456442.html

domingo, 3 de junio de 2018

¿Cuánta agua debemos tomar al día?

Según la Comisión Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), el consumo recomendado de líquidos a partir de los 14 años debería ser de 2,5 litros al día para los hombres y de 2 litros en el caso de las mujeres. 
Sin embargo, la realidad es que aunque no estamos deshidratados, los españoles no llegamos a ese consumo básico de agua, tal y como señala el estudio Anibes, el cual indica que el 75 por ciento de los adultos y el 90 por ciento de los niños no alcanzan a los mínimos establecidos. “No llegamos a cubrir el requerimiento ideal para una población sana. En el caso de los adultos hombres, el 33 por ciento se queda por debajo de los 2,5 litros y en el caso de las mujeres, el 21 por ciento no consume los 2 litros indicados”, explica Mariela Nissensohn, del Instituto Universitario de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias.
Nissensohn señala un aspecto importante: el agua no sólo se aporta por lo que uno bebe, también por la comida. Es decir, de la cantidad total de agua que deberíamos ingerir a lo largo de la jornada, entre el 70 y el 80 por ciento debe ser proporcionada por la bebida y entre el 30 y el 20 por ciento por los alimentos. Pero, ¿qué productos son los que tienen más agua? La experta señala que los alimentos qué más agua aportan son frutas y verduras. “Dietas ricas en frutas y verduras nos van a aportar muchísima más hidratación que la comida rápida”, advierte.
La experta hace hincapié en que las consecuencias de no beber el agua necesaria son muchas a nivel clínico en el día a día. Para empezar, favorece la disminución de la capacidad de conducir, aumenta la probabilidad de tener dolor de cabeza y falta de atención, entre otras afecciones.
Entre los consejos que da Nissensohn para aumentar y mejorar la hidratación destacan:
  • Consumir más agua durante el día.
     
  • Incrementar el consumo de frutas y verduras, lo que aumentarían ese porcentaje de líquidos aportado por los alimentos.
     
  • Consumir bebidas entre horas, no solamente con la comida o en las primeras horas del día.

Cómo afecta el agua a la piel

El agua también desempeña un papel muy importante en nuestra piel. De hecho, tal y como señalan desde la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), el agua supone el 35 por ciento de la estructura de la piel, por lo que es imprescindible beber suficientemente agua al día para mantener las funciones de barrera y protección de nuestra piel, así como para mantener sus características y cualidades estéticas.
Román Barabash Neila, miembro de la AEDV, da una serie de consejos respecto al uso del agua para mejorar el cuidado de la piel:
  • Evitar ducharse con agua muy caliente o muy fría. “Lo ideal es el agua tibia y no ducharse más de una vez al día, ya que esto supondría una agresión para la piel”, explica.
     
  • Cuidado con la limpieza: el exceso de limpieza o de exposición al agua de nuestra piel también puede deteriorarla en caso de pacientes sanos o agravar enfermedades dermatológicas ya existentes. “En el punto medio está la virtud”, insiste Barabash.

Fuente:https://cuidateplus.marca.com/bienestar/2017/03/22/cuanta-agua-debemos-dia-142029.html?cid=SIN00101

domingo, 8 de octubre de 2017

Alimentos que te sacian de verdad y evitan que picotees

Seguir una alimentación saludable y a la vez que nos permita bajar del peso no significa necesariamente pasar hambre. En ocasiones, un apetito irrefrenable hace acto de presencia a deshoras y no podemos evitar recurrir al 'picoteo', enemigo acérrimo de nuestra silueta. Optamos, entonces, por picar lo primero que encontramos en la despensa, lo que no contribuye para nada a la estabilidad de nuestro peso. Esto ocurre porque durante las comidas no hemos ingerido los macronutrientes adecuados para sentirnos realmente llenos, provocando un vacío que nos lleva irrefrenablemente al picoteo.

Existen alimentos que nos ayudarán a sentirnos llenos y a calmar el apetito.

Productos integrales

Intenta evitar alimentos que contengan harinas refinadas. Asegúrate que el pan, la pasta o el arroz que consumes sean de grano entero. El germen y salvado que tienen te aportará todos los nutrientes necesarios, fibra, vitaminas, minerales, etc. Además, estos son productos mucho más saciantes y ayudan a mejorar el tránsito intestinal.

Sopas y caldos

 

Poseen un alto contenido en agua, por lo que consiguen que nuestro estómago se llene con muy pocas calorías. En este sentido, su capacidad saciante es realmente notable.



Zanahorias

Es una de las piezas clave en cualquier dieta, ya que además de ser antioxidante es muy depurativa y arrastra las toxinas que deben estar fuera de nuestro organismo. Es diurética y altamente saciante por su contenido en fibra, por lo que se convierte en un aliado ideal.

Frutos secos

 

Consumir un puñadito diario de frutos secos, equivalente a unos 30 gramos, nos conferirá grandes beneficios, además de no estar asociados a un aumento de peso en esas cantidades. 3-4 nueces, 10-12 almendras o 10-12 avellanas entre horas o añadidas a las comidas, además de ser altamente saciantes, serán una buena fuente de fibra, potasio, omega 3, omega 6 y antioxidantes como la quercetina.

Frutas y verduras

 

Su elevado nivel de fibras, junto a su aporte de agua, favorece que aumente la sensación de saciedad. Además, las frutas y las verduras apenas tienen calorías y contribuyen a que no se consuman otros alimentos más calóricos.
Fuente:  http://ocio.diariodeibiza.es/gastronomia/noticias/nws-617424-alimentos-te-sacian-verdad-evitan-picotees.html

viernes, 17 de abril de 2015

El huevo y el código de los huevos


De corral, camperos, XL, L… La gran variedad de huevos disponible en el supermercado puede llegar a
marear. Las marcas comerciales suma el origen, el color de la cascara o la forma en la que ha sido criada la gallina para crear un enorme número de permutaciones en el que lo más fácil es perderse.
 Cáscara blanca/cáscara marrón
La pregunta que nos hace todos los niños (¿en qué se diferencian los huevos blancos de los marrones?) tiene fácil respuesta: en nada. Los diferentes tipos de gallinas dan huevos de diferente color, pero esta característica no indica que uno sea mejor que otro o que difieran en tamaño o en sabor.

Así viven las  gallinas según la forma de cría
Jaulas: las gallinas viven encerradas en ellas, comen pienso y tienen acceso a agua. Los huevos que ponen no entran en contacto con las deposiciones. No pisan el suelo, ya que nacen y mueren entre barrotes.

Gallinas criadas en el suelo: no están encerradas, pero viven dentro de una nave industrial en la que se mueven libremente y siempre tiene acceso a pienso y a agua.

Gallinas camperas: viven en una nave, pero tienen zonas al aire libre en las que se pueden mover libremente.

Gallinas ecológicas: igual que las gallinas camperas, pero además se alimentan de un pienso de origen ecológico.
El gran mundo del código de los huevos
En España, si queremos encontrar el origen de un huevo, solo tenemos que mirar el código que está impreso sobre su cáscara. Descifrarlo es una tarea de lo más sencilla:

Primer dígito
Si es un 0, corresponde a las ecológicas; si vemos un 1, corresponde a las camperas;  el 2 se refiere a el 3, el más habitual en España, significa que el huevo procedente de una gallina en jaula.
gallinas que han sido criadas en suelo;
 Tamaño
En España hay 4 calibres, que se clasifican según su peso en gramos: XL: súper grandes: de 73 g o más; L: grandes: de 63 a 73 g; M: medianos: de 53 a 63 g.; S: pequeños: menos de 53 g.





En la Unión Europea, para que un huevo pueda ser consumido por humanos debe cumplir una serie de reglamentos sobre su comercialización y las normas nacionales aplicables. Esta legislación define los criterios de calidad, peso, frescura, envasado y etiquetado.

 Según la web huevo.org.es , realizada en colaboración con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de España, se consideran aptos para el consumo humano directo los huevos frescos, denominados huevos de categoría A, que cumplen los siguientes requisitos:
Cáscara y cutícula: normales, limpias e intactas.
Cámara de aire: de una altura no superior a 6 mm. En el caso de huevos comercializados con la mención «EXTRA», no podrá ser superior a 4 mm.
Clara: transparente, sin manchas, de consistencia gelatinosa y exenta de materias extrañas de cualquier tipo.
Yema: solo visible al trasluz como una sombra, sin contorno claramente discernible, que no se separe del centro al someter al huevo a un movimiento de rotación y sin materias extrañas de cualquier tipo.
Germen: desarrollo imperceptible.
Olor: ausencia de olores extraños.
Fuente:  https://es.tendencias.yahoo.com/todo-lo-que-tienes-que-saber-para-comprar-huevos-de-manera-apropiada-165121484.html

 EL HUEVO


Barato y rico, es un alimento imprescindible en cualquier dieta que nunca puede faltar en casa. 

Bajo en calorías pero con un gran valor nutricional, un huevo entero de 50 gramos de peso aporta aproximadamente unas 80 calorías. Proteínas. La proteína del huevo es la referencia para comparar nutricionalmente las proteínas de otros alimentos debido a que es la de mayor valor biológico por sus aminoácidos esenciales para el organismo. El aporte proteico es de unos 6 g por huevo, de 12 a 14 por 100 g. Grasas. Las grasas que predominan en el huevo son ácidos mono y poliinsaturados (principalmente ácido linolénico-Omega 3), muy beneficiosos para el organismo y de fácil digestión. También contienen lecitina, los fosfolípidos y colesterol. En 100 g de huevo el aporte de grasa es de 10-12 gramos y 550 mg de colesterol. Minerales. El huevo, un gran alimento antioxidante, es una excelente fuente de hierro, concentrado especialmente en la yema y según la alimentación de las gallinas), fósforo, potasio y magnesio. Vitaminas. El huevo es una gran fuente de vitamina B12 (principalmente en la yema), B1 (tiamina), B2 (riboflavina), B3 (niacina), ácido fólico, vitaminas A, D y E. También aportan colina, fundamental en los procesos metabólicos, crecimiento y desarrollo, por lo que es muy conveniente para embarazadas y niños. Los carotenoides que contiene ayudan a prevenir trastornos oculares como las cataratas y la ceguera.

La yema es la tercera parte del huevo y la porción de color amarillo. Se compone principalmente de grasas, proteínas, vitaminas y minerales. Su intensidad de color dependerá del alimento (granos y alfalfa) que consume la gallina. Una yema contiene unas 60 calorías y aporta grasas saludables. La clara, de textura viscosa y transparente, está formada en un 90% de agua, el resto lo constituyen las proteínas (ovoalbúmina, la más abundante) y vitaminas. La clara es el único alimento que aporta proteínas sin grasa: 17 calorías y 7 gramos de proteína de alto valor biológioco. Psst. Si estás a dieta o quieres ganar masa muscular sin grasa, puedes hacerte tortillas de claras sin yema.


1      De dónde provienen


Como dicen los expertos de Yocomobien.es, “para saber de dónde provienen los alimentos hay que prestar atención a su trazabilidad, y esto consiste en observar todas las etapas de producción, transformación y distribución de cada uno”. En el caso de los huevos, existe una normativa de la Unión Europea que hace imprescindible la impresión de un código en la cáscara para dar información de todo el proceso, desde la granja hasta su comercialización. Como nos explican desde esta web, “los códigos que aparecen en la cáscara de los huevos tienen tres bloques de información, pero para descubrir si los huevos que tenemos en casa son camperos o no, debemos tener en cuenta únicamente el primer número”. Este va del 0 al 3 y proporciona la información relativa al tipo de cría de las gallinas, es decir, si se trata de un huevo campero, ecológico, o industrial. 0: Huevo puesto por una gallina criada en una granja ecológica en libertad y que consume pienso procedente de la agricultura ecológica. 1: Huevo puesto por una gallina en libertad o campera. 2: Huevo puesto por una gallina criada en gallineros de suelo donde las gallinas no están al aire libre. La producción es semi-industrial. 3: Huevo puesto por una gallina criada en una jaula diseñada para que la recogida de huevos sea fácil. La producción es industrial. Psst. El resto de números indica el estado miembro de la Unión Europea, la provincia, municipio y granja de producción del huevo.


2     El color de la cáscara

 

“El color de la cáscara es otro de los aspectos que más interés despierta, pero en ningún caso va a influir en la calidad del huevo”, dicen desde Yocomobien.es. De hecho, el color viene determinado por el plumaje de la gallina. “Antes se consumían más los huevos blancos, pero se empezó a relacionar el color moreno con el ámbito rural y se pusieron de moda, aunque no existe ninguna diferencia nutricional entre ambos”, aclaran.

3     Consumo recomendado

 

Un nuevo estudio de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda que “para un niño, persona de tamaño pequeño, o mediano, o inactiva, podría ser conveniente un consumo de tres a cuatro huevos por semana, mientras que una persona corpulenta, o físicamente activa, podría consumir hasta 7 huevos por semana” en el contexto de una dieta variada y equilibrada. ¿Qué hay del colesterol? Durante muchos años el consumo de huevos ha sido restringido para prevenir la hipercolesterolemia a 2 ó 3 unidades por semana. Actualmente, tras diferentes estudios, estas recomendaciones se han modificado, ya que son las grasas saturadas las que determinan el aumento de colesterol en sangre. El consumo de una mayor cantidad de huevos no tiene efectos relevantes sobre el colesterol sanguíneo, siempre dentro del contexto de una dieta sana y equilibrada, más el complemento del ejercicio diario. Psst. La lecitina y las grasas insaturadas que contiene la yema reducen la absorción intestinal de colesterol en nuestro organismo.

4     Mejor cocido

 

Las propiedades nutricionales del huevo varían en función de la preparación que escojamos. La mayoría de los huevos contiene mucha proteína, pero también la misma cantidad de grasa. La mayoría de los ácidos grasos son de alta calidad y se encuentran en la yema, por lo que es importante tener esto en cuenta para evitar aumentar el aporte graso y escoger la mejor forma de preparación. Psst. Cocer el huevo es una de las mejores formas de cocinarlo, ya que al hacerse en agua con la cáscara, el huevo apenas sufre en el proceso de preparación y además no añadimos ninguna grasa externa, respetando al máximo sus cualidades nutricionales. Además, es más fácil de digerir. El tiempo ideal de cocción es de 12 minutos aproximadamente.

5      Cómo conservarlos

 

La duración de los huevos es de aproximadamente 28 días desde su puesta y deben conservarse siempre refrigerados. Se consideran “extra frescos” cuando se limita su plazo de consumo hasta nueve días. Para evitar intoxicaciones, consume sólo los que tengan la cáscara limpia y entera, sin roturas, ya que el huevo puede ser portador de gérmenes patógenos como la salmonella. ¿Cómo saber si están frescos? Ya cocido y cortado de manera vertical, cuanto más centrada esté la yema, más fresco es el huevo. Al sumergirlo en agua, si se va hacia el fondo del recipiente, es que está fresco, si flota, tíralo. Si lo abres en crudo, si la clara es muy fluida y la yema poco consistente, es un huevo viejo. 

Fuente. https://es.tendencias.yahoo.com/fotos/qu%C3%A9-hay-huevo-slideshow/haces-deporte-photo-080226611.html

ANÉCDOTA SOBRE EL HUEVO

Antiguamente en muchos países se seguía muy rigurosamente de manera general la norma de no comer carne ni los viernes de vigilia ni tampoco en la Cuaresma. La polémica no se hizo esperar con el huevo, porque no era fácil determinar si el huevo era carne o no. Desde un punto de vista biológico no, pero desde un punto de vista religioso unos decían que la tortilla era como una extensión de la propia gallina, era como carne de su carne y sangre de su sangre, mientras que otros menos filosóficos veían que el huevo pues eso que era un huevo y poco más.
 
 Muchas personas dejaban de comer tortillas o cualquier otro alimento preparado con huevo en estos días por si acaso, pues su conciencia no les dejaba tranquilos e incluso algunos teólogos famosos entraron en la disputa. En el siglo X en un concilio se determinó que definitivamente era carne y que se había acabado la discusión que sin embargo siguió y siguió y no fue hasta mediados del siglo XVI cuando el Papa Julio III definitivamente zanjó la cuestión dejando claro que la gente se podría hartar a comer huevos cuando le diera la gana porque aquello no era carne, simplemente un huevo, así que a comer tortillas y huevos de Pascua y todo lo que hiciera falta.

 El proyecto de gallinas y huevos

 

Actividades escolares de animales. Del huevo al pollito