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martes, 7 de mayo de 2019

Los coches eléctricos son considerados lo más limpios, o mejor dicho, los menos contaminantes. Pero es una verdad con matices.


Por el momento, no existe un vehículo ‘0 emisiones’. Los coches eléctricos son considerados como la alternativa más limpia, pero hay una lista de factores a considerar al compararlos con los coches tradicionales. Últimamente hay una tendencia a que sus beneficios ecológicos son constantemente desafiados, para evitar reemplazar una energía contaminante por otra. Recientemente, un estudio científico llevado a cabo por Christoph Buchal, profesor de física de la Universidad de Colonia (Alemania), sugiere que podrían ser hasta más contaminantes.
El estudio alemán ha comparado el Mercedes Clase C 220d con el Tesla Model 3, calculando las emisiones de CO2 en gramos por kilómetro. El vehículo de Mercedes, a base de diésel, emite unos 177 g/km, mientras que el coche de Tesla contamina entre 73 y 98 g/km. A simple vista, la conclusión evidente parece ser que el coche eléctrico contamina menos, gracias a las relativamente bajas emisiones que producen las baterías de litio a lo largo de sus 10 años de vida útil. Sin embargo, al recargar la batería, se necesita producir más electricidad, lo cual le sumaría hasta 181 g/km más. Teniendo esto en cuenta, el coche eléctrico estaría emitiendo hasta más del doble que el vehículo equivalente en diésel.
La comparación resulta impactante, pero no es una equivalencia del todo justa. Si estamos considerando el impacto ecológico de la recarga, ¿no tendría sentido también comparar el impacto ecológico equivalente de los vehículos tradicionales? Las gasolineras requieren energía para operar y, según una investigación de la Universidad de Murcia, emiten otros gases contaminantes que no sólo dañan al medio ambiente, sino también a la salud humana.

Por otro lado, la contaminación producida por la electricidad varía mucho dependiendo de su origen: la energía eléctrica generada con carbón no reduce mucho las emisiones, mientras que aquella generada con gas natural haría que un vehículo eléctrico sea comparable con uno híbrido. Y otras alternativas pueden reducir más todavía las emisiones. Si bien en España la tecnología que más energía aporta a nuestro sistema eléctrico es la nuclear, el carbón le sigue muy de cerca. Afortunadamente, se pronostica que la generación de energía eléctrica a través de tecnologías no basadas en el carbón aumentará globalmente un 63% para el año 2040.
Aun así, no hay que olvidar el daño ambiental más allá de las emisiones de efecto invernadero. Ya estamos familiarizados con las imágenes de animales cubiertos en petróleo tras un derrame, y la extracción del oro negro suele causar emisiones de metano (gas 84 veces más dañino que el CO2). Mientras tanto, el litio que se usa para construir las baterías de los coches eléctricos también tiene un proceso de extracción y manufactura contaminante. Ambas tecnologías alteran la composición química del agua y del suelo en las zonas donde se extraen, causando daño ecológico y humano considerable. Con la creciente demanda mundial de litio para los coches eléctricos y los móviles, habrá que asegurarse que los distintos procesos para que el material llegue a nosotros sea más sostenible para no frustrar su finalidad.

Otro problema es que, según los datos del estudio alemán, a este ritmo no llegaríamos al límite de 59 gramos de CO2 por kilómetro para el año 2030 aun con coches eléctricos. Para cumplir los objetivos climáticos de la Unión Europea, debemos considerar de dónde viene nuestra energía eléctrica. Afortunadamente para España, las energías renovables, en particular la eólica, son cada vez más populares. Ha habido años en los que ha superado al carbón y a la nuclear, y España es pionera en el desarrollo e implementación de nuevas tecnologías eólicas y solares (estamos en el Top 5 de países europeos con más horas de luz). Es posible que, con la innovación constante, logremos compensar las desventajas de las baterías de litio.

Fuente: https://es.finance.yahoo.com/noticias/el-lado-menos-sexy-de-los-coches-electricos-153337365.html

domingo, 28 de octubre de 2018

¿Cómo será la energía que nos abastecerá en 2050?


 El carbón quedará desterrado por el inconmensurable potencial de las renovables, sector en el que se invertirán 11,5 billones de dólares en los próximos 32 años. Vaticinar el devenir de un sector tan complejo como el energético en plena revolución tecnológica no es una misión sencilla, y menos cuando se ponen las miras en un horizonte tan lejano como el año 2050. Pero ese es el reto al que Bloomberg New Energy Finance ha decidido enfrentarse con su informe 'New Energy Outlook 2018'.
La organización prevé que en tres décadas el 64% de la generación mundial corresponderá a las renovables, porcentaje que se aúpa hasta el 71% si agregamos a la ecuación todas las no contaminantes (como la nuclear). Las predicciones para Europa son aún más optimistas ya que se calcula que las fuentes limpias supondrán un 87% de la producción total.
La clave para que se dé esta situación está en las baterías de almacenaje. El documento destaca que el desarrollo de estos dispositivos jugará un papel fundamental en el sector y en la adopción masiva de la eólica y la solar. Bloomberg New Energy Finance hace hincapié en que abren un mundo nuevo de posibilidades al solventar uno de sus principales problemas a los que se enfrentan estas fuentes, ya que permiten hacer acopio de la energía que no se consume en el momento para que se utilice cuando verdaderamente se necesite, evitando que se desperdicie.
Desde 2010, su precio se ha rebajado un 80%, una tendencia descendente que se mantendrá gracias a la financiación que está recibiendo el desarrollo del vehículo eléctrico, otro de los grandes beneficiarios de esta innovación. Se calcula que hasta 2050 se destinarán unos apabullantes 548.000 millones de dólares (casi 470.000 millones de euros) al perfeccionamiento de estas baterías.

Inversión billonaria en renovables

Aún más impresionantes son las cifras que manejará el conjunto del sector renovable, en el que se espera que la inversión ascienda hasta los 11,5 billones de dólares (9,86 billones de euros) en los próximos 32 años. Un total de 8,4 billones de dólares irán a parar a la eólica y a la solar (cuya aportación al mix alcanzará el 48% en 2050) y otro billón y medio a otras no contaminantes, como la hidráulica o la nuclear.
Asimismo, se estima que en ese periodo los costes que conlleva la puesta en marcha de una planta fotovoltaica se recortarán un 71% respecto a las cifras actuales y que los que acarrea la instalación de un parque eólico caerán un 58%, lo que multiplicará las potencia que podrá instalarse gracias a ese desembolso.

Adiós, carbón, adiós

Por otra parte, el 'New Energy Outlook 2018' señala que la aportación del carbón a la producción energética mundial caerá del 38% actual al 11% en 2050, lo que le convierte en el "mayor perdedor en el largo plazo". El gas se alzará como el principal respaldo y complemento de las renovables, lo que le granjeará un billón en inversiones en estos años.
Todos estos cambios harán que las nocivas emisiones de CO2 mermen a razón de un 2% anual a partir de 2027, momento en el que alcanzarán su punto álgido.
Fuente:
http://www.expansion.com/empresas/energia/2018/06/25/5b3007b6e5fdea257f8b45ae.html

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sábado, 5 de mayo de 2018

Energía azul: qué es y cómo contribuye a la sostenibilidad ambiental

La energía osmótica o azul surge de aprovechar la diferencia de salinidad entre el agua de los ríos y la del mar

Los avances en la ciencia de los materiales han dado una segunda oportunidad a la energía osmótica o azul, una técnica descubierta hace cincuenta años y que no se había desarrollado hasta ahora por su alto coste y requerimientos tecnológicos. El proceso es básicamente sencillo y se fundamenta en filtrar el encuentro de agua de mar con la de río mediante una membrana semipermeable que va del líquido con mayor concentración salina al de menor e impide la entrada de sedimentos o partículas que puedan encallar el circuito. La presión osmótica generada se deriva a una turbina conectada a un generador para producir electricidad, sin intermitencias y sin la necesidad de almacenamiento inherente a otros procesos renovables, entre los que se encuentran el solar fotovoltaico o el eólico. Los nuevos avances apuntan hacia un sistema eficiente y competitivo y la clave está en reducir el tamaño de los orificios para que los iones atraviesen la membrana a escala atómica.


Actualmente están en desarrollo dos sistemas complementarios de esta fuente de energía renovable, ambos basados en la utilización de membranas, elemento donde se han producido las mejoras: la ósmosis por presión retardada y la electrodiálisis inversa. El primero utiliza tecnologías centradas en poner en contacto los dos fluidos (agua de río y de mar) a través de una membrana específica que permite pasar el agua, pero no las sales. Por el contrario, en la electrodiálisis inversa es la sal disuelta y no el agua la que atraviesa la membrana. En ambos casos se genera una diferencia de presión que puede aprovecharse en una turbina.
En este escenario, a finales de 2016 se publicó en la revista 'Nature' el desarrollo por investigadores del Laboratorio de Biología Nanométrica de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) de un eficaz método de generación de energía osmótica. El innovador procedimiento consiste en separar dos compartimentos llenos de líquido por medio de una membrana ultradelgada de disulfuro de molibdeno (MoS2) de apenas tres átomos de espesor que tiene un nanoporo a través del cual los iones del agua de mar pasan al de la dulce, hasta que las concentraciones de sal en ambos líquidos se igualen. El MoS2 se encuentra fácilmente en la naturaleza o puede ser creado por la deposición de vapor químico, algo que hace factible la producción del sistema a gran escala. Además de su reducido coste, entre las ventajas de la innovadora membrana está el que podría colocarse directamente en los estuarios de los ríos para generar electricidad.



Las plantas de energía osmótica pueden construirse en cualquier lugar en el que haya una corriente de agua dulce fluyendo al mar, siempre que la concentración de sales sea suficientemente alta. Por esta razón, la mayoría de las desembocaduras de ríos del mundo serían localizaciones potenciales, incluso en el caso de que unos ríos necesiten un mayor acondicionamiento del agua que otros. Noruega y Holanda son los países que han apostado por el desarrollo de la energía azul. La empresa noruega Statkraft puso en marcha en 2009 una planta piloto en un fiordo a 60 kilómetros de Oslo, en las instalaciones de Södra Cell Tofte, un fabricante de papel de la ciudad de Hurum. En la misma línea, Holanda inauguró en 2014 una central eléctrica de salinidad en la desembocadura del Rin, donde canaliza el agua del Mar del Norte y las del río para aprovechar su potencial.
Según los cálculos de los investigadores, el potencial del nuevo método es inmenso. Una membrana de un metro cuadrado, con 30% de su superficie cubierta en nanoporos, debería generar 1 megavatio de electricidad, suficiente energía para iluminar 50.000 bombillas modernas. En la misma línea, una planta osmótica con el tamaño de un estadio de futbol podría suministrar electricidad a alrededor de 30.000 hogares europeos. No generaría emisiones ni a la atmósfera ni al agua y podría construirse bajo tierra en los sótanos de un edificio industrial o debajo de un parque, minimizando el impacto visual.
Fuente: http://www.diariodeibiza.es/energia/2018/04/19/nanotecnologia-espolea-energia-azul/983331.html
OTROS ENLACES
 https://twenergy.com/a/que-es-la-energia-azul-1608
https://ecoinventos.com/energia-azul/
https://www.renovablesverdes.com/energia-azul/


sábado, 27 de enero de 2018

Excrementos de cerdo, el nuevo frente energético

Millones de metros cúbicos de purines, que antes se reutilizaban para producir electricidad, se
acumulan ahora en balsas o se vierten por el campo.
Los purines de cerdo, altamente contaminantes si no son tratados correctamente, se están acumulando en grandes depósitos o están dispersándose por el campo de forma descontrolada, lo que puede provocar la contaminación de acuíferos y otros problemas medioambientales. Es, según los expertos, una de las consecuencias más desconocidas de la reforma energética del Gobierno, y que ahora, en plenas turbulencias políticas, reaparece.
Todo empezó hace ya tres años, con la reforma de la normativa eléctrica, que supuso una revisión a la baja de las subvenciones en todo tipo de plantas de renovables, incluidas las instalaciones de biomasa o las de tratamientos de purines.
Los purines son los residuos que resultan de la limpieza diaria, con agua, de los excrementos de cada cerdo, mezclado con otros desechos que se acumulan en las granjas de porcino. Un 95% del material de los purines es agua. El resto son componentes como nitratos, fósforos y potasio. Hasta la entrada en vigor de la reforma eléctrica, en España funcionaban una treintena de plantas de tratamiento de purines, que adicionalmente usan el sistema de cogeneración para producir electricidad. Esas plantas gestionaban una buena parte de los purines generados en España. Con gas natural, se calentaban los residuos para su tratamiento, y ese mismo calor se reaprovechaba para generar electricidad. El problema es que con los recortes de la reforma, la mayor parte de las plantas de purines se hicieron inviables, dejándolas paradas. Sin una solución para el tratamiento moderno de los purines, estos han empezado a gestionarse como antiguamente: o se acumulan en depósitos cerca de las granjas a la espera que de que se vayan desecando, o se vierten en explotaciones agrícolas a modo de fertilizante.
El problema es que ahora, con España a la cabeza de Europa en el mercado porcino, esa solución clásica es insuficiente, ineficaz o altamente contaminante.
España es, en estos momentos, el mayor mercado porcino de Europa. Se calcula que existen 28 millones de cabezas. Se ha superado por primera vez a Alemania. España no solo tiene producción propia. También sirve de residencia temporal de ganado porcino de otros países, que usan este país solo como criadero, incrementando exponencialmente la producción de purines.
Se estima que un cerdo produce, de media, entre 3 y 5 metros cúbicos de purines al año, lo que supondría más de 84 millones de metros cúbicos para todos los animales al año. Suficiente para llenar más de 33.000 piscinas olímpicas.
El problema del embalsamiento de los purines es que su descomposición natural a cielo abierto produce grandes cantidades de metano, considerado por algunos peor que el CO2. El problema del vertido de purines es que el suelo tiene capacidades limitadas para asimilar y retener los componentes como los nitratos que poseen. Un exceso de estas sustancias produce procesos químicos como la lixiviación y la eutrofización, mediante los cuales se sobresaturan los acuíferos con esos productos, dando lugar a proliferación de algas. En definitiva, quedan contaminados.

Más vida útil

Además de la perspectiva medioambiental, en el problema de los purines también hay una óptica puramente financiera y jurídica. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha advertido que nuevos cambios en la legislación harán aun más inviable la continuidad de las plantas. En concreto, reducir de 25 a 15 años su vida útil. Si es así, dice la CNMC, la mitad de las 33 plantas de tratamiento de purines que existen en España cumplirán su vida útil este año. Recortar la vida útil supone reducir el número de años que estas plantas cobran subvención, y también incrementar sus costes de amortización. La CNMC ha abierto otro frente contra el Ministerio de Energía por este asunto, porque considera que los cálculos usados por el Gobierno para acortar la vida útil de las plantas son irreales. Para que tuvieran una vida útil de 15 años, las plantas de purines deberían estar trabajando a pleno rendimiento durante 11 meses seguidos al año. El PSOE no ha tardado en hacer piña con el sector porcino y se ha sumado a la petición ante el ministerio de Energía para que se vuelva a extender a 25 años la vida útil de las plantas.
El laberinto se complica aún más con una nueva sentencia del Supremo, que da la razón al recurso contra la normativa que recortó las subvenciones interpuesta por la Asociación de Empresas para el Desimpacto Ambiental de los Purines (Adap).
Fuente:  http://www.expansion.com/empresas/energia/2017/05/23/5923343d468aeb904d8b4648.html