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miércoles, 9 de octubre de 2019

¿Por qué los hombres son los primates con el pene más grande?


La evolución de la locomoción bípeda que nos caracteriza tuvo consecuencias dolorosas para la madre y convirtió al neonato en un consumado contorsionista. También afectó al cuerpo del padre, en principio de manera más venturosa.
En las hembras de los mamíferos la vagina se abre en la parte posterior del cuerpo y se dirige hacia el interior en un plano horizontal algo inclinado hacia abajo. Esto facilita la progresión de los espermatozoides hacia el fondo en dirección al cuello del útero, un pasillo casi horizontal en cuyo fondo se encuentra el óvulo.

 En las hembras humanas la vagina y el útero forman un ángulo prácticamente recto. En el resto de los simios la disposición de ambos órganos es prácticamente horizontal.


Cuando la hembra de un simio está receptiva y el macho se le aproxima por la espalda, esta levanta sus cuartos traseros y, sin más carantoñas, el macho la monta para comenzar una brevísima cópula. Una vez inseminada, la hembra puede deambular sin perder el semen depositado en la vagina: al andar a cuatro patas no hay riesgo de que el fluido seminal resbale.
Este mecanismo tan universal, común en nuestros antecesores simiescos y cuadrúpedos hace unos 7 millones de años, se trastocó con la locomoción bípeda. Para conseguirla, los huesos pélvicos, los músculos y la disposición de las vísceras que ocupan la oquedad pélvica sufrieron transformaciones.
En la oquedad pélvica del macho solo están alojados la vejiga, la próstata y los intestinos. En la de la hembra, además de estas vísceras (excepto, obviamente, la próstata), se ubica el aparato genital, que aumenta de tamaño durante el embarazo.

Por tanto, mientras que la evolución hacia la marcha erguida no supuso grandes problemas para la anatomía interna del macho, fue un proceso que exigió profundas transformaciones en el aparato genital femenino. Una de ellas fue el desplazamiento de la vagina. Al modificarse la arquitectura de la pelvis, rotó hasta colocarse en la posición actual: abierta hacia delante y dirigida hacia arriba.
Las repercusiones que tuvo en nuestra evolución este hecho aparentemente banal han sido numerosas y han afectado a nuestro comportamiento antes y después de la cópula y a la estructura del aparato genital masculino.
Veamos las implicaciones que una vagina vertical y el deambular erguido tuvieron para la evolución del pene.
Si las carreras de los sanfermines se le antojan peligrosas, olvídelo. Para recorrido tortuoso, para carrera acongojada, frenética y desesperada, la que recorren los espermatozoides humanos para alcanzar su objetivo: fecundar al óvulo. Cada vez que un varón normal eyacula, produce entre cien y cuatrocientos millones de espermatozoides.
 Recorrido que han de realizar los espermatozoides hasta alcanzar el óvulo. El dibujo está hecho en un solo plano, pero téngase en cuenta que el útero se dispone perpendicularmente a la vagina.
Solo unos pocos espermatozoides privilegiados, luchando contra la fuerza de la gravedad y tras superar varias barreras químicas, físicas y biológicas, serán capaces de acercarse a las proximidades del óvulo. Solo uno logrará fecundarlo.

Uno frente a cuatrocientos millones. La razón para esta desproporción estriba, para empezar, en que en las mujeres la vagina es vertical mientras que el cuello uterino conserva su disposición original en el plano horizontal. Esto hace que ambos formen un ángulo casi recto, una abrupta esquina que deberán doblar los afortunados espermatozoides que, además de haber vencido a la fuerza de la gravedad, hayan sobrepasado el casi letal conducto vaginal.
Casi el 90% de los espermatozoides no lo supera. Esto es debido a que sus fluidos tienen un pH ácido que actúa como espermicida muy eficaz. Algo que se sabe desde muy antiguo: el lavado postcoital con ciertos ácidos débiles como el acético es el fundamento de un viejo y peligroso método anticonceptivo que ya se empleaba en la Grecia clásica.
A continuación, el diezmado pero veloz tropel seminal deberá entrar en el cuello uterino, unas horcas caudinas cuyo dintel está taponado por unas mucosidades pegajosas que atrapan a la inmensa mayoría de ellos. El resto, los más potentes y resistentes, están ahora en el cuello uterino, donde deben enfrentarse a las defensas inmunológicas que los reconocen como gérmenes extraños y que intentan aniquilarlos.
Atacados por legiones de leucocitos, la inmensa mayoría sucumbe allí. Apenas un centenar, los más veloces y mejor orientados, logra escabullirse para enfilar la recta final, las trompas de Falopio. En su interior, cómodamente instalado, aguarda el óvulo.
A tal exigencia, tal respuesta. El recorrido del eyaculado es tortuoso. La vagina es vertical. El bipedismo favorece la caída gravitacional del eyaculado. El conducto vaginal está lleno de peligros y forma un ángulo recto con el útero. Conclusión: lo mejor es que el semen acorte camino y sea introducido lo más profundamente posible.
Hete aquí que, además de por las causas que a todos nos vienen a la mente, las hembras han sido (y son, claro) la causa del alargamiento en tamaño del pene del hombre. Aunque en la mayoría de los casos no sea como para tirar cohetes, el tamaño del pene del hombre es extraordinario cuando se compara con el de otros primates. Entre ellos, alégrese hombre, no tenemos rivales.
Tomemos como ejemplo a nuestros parientes de mayor talla: los gorilas. Por término medio un gorila adulto dominante pesa alrededor de doscientos kilos, mientras que su diminuto pene en erección no sobrepasa los cinco centímetros. O sea, un centímetro por cada cuarenta kilos de masa corporal. Vea usted cómo no hay que desanimarse: pésese, mida y compare su peso y su talla. En los tiempos que corren toda alegría es poca.
Otra beneficiosa e incomparable consecuencia de la marcha erguida es el orgasmo. Quienes piensen que un pene más grande es capaz de proporcionar más placer a la mujer, al permitir mayores posturas copulatorias, que lo vayan olvidando. Los orangutanes, dotados de un miembro mucho más pequeño, son capaces de dejar en ridículo al hombre en cuanto a posturas sexuales. Su cópula dura hasta quince minutos, toda una dulce utopía para el común de los mortales.

Manuel Peinado Lorca es Catedrático de Universidad. Departamento de Ciencias de la Vida. Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.





Fuente: https://www.abc.es/ciencia/abci-hombres-somos-primates-pene-mas-grande-201907031050_noticia.html

sábado, 16 de febrero de 2019

El científico que, gracias a los piojos, engañó a los nazis y logro salvar la vida a cientos de judíos polacos

La anécdota sobre cómo el científico polaco Rudolf Weigl logro salvar la vida a cientos de compatriotas judíos, tras la entrada de los alemanes en el país, al mismo tiempo que mantuvo engañados a los nazis y todo ello lo hizo con la ayuda de cientos de piojos.
Rudolf Weigl era un reputado investigador que, en la década de 1930, desarrolló una efectiva vacuna contra el tifus epidémico. Gran parte de su trabajo se basaba en las investigaciones realizadas en 1909 por Charles Nicolle en el Instituto Pasteur de París.


Tras la invasión alemana de Polonia, Weigl se encontraba trabajando en dicha vacuna en el instituto que llevaba su mismo nombre en la población de Lwów (actualmente llamada Lviv y perteneciente a Ucrania desde tras finalizar la IIGM).
Si había algo que respetaban los nazis eran las investigaciones médicas y el hecho de que Rudolf Weigl hubiese desarrollado dicha vacuna (la cual debía mejorar y crear millones de dosis) hizo que los jerarcas del Tercer Reich decidieran dejarle trabajar a sus anchas, facilitándole todo lo que precisase.
El tifus se había convertido en una enfermedad epidémica que temían que pudiese afectar a los soldados y población alemana, de ahí que le permitieran trabajar cómodamente en su laboratorio e incluso que dispusiera de su propio radiotransmisor (algo prohibidísimo y perseguido).
El doctor Weigl rápidamente se dio cuenta que muchos de sus compatriotas polacos estaban siendo encerrados en guetos o llevados a campos de concentración (donde la mayoría eran aniquilados).

Por tal motivo ideó un plan para poder salvar el máximo de vidas, ya no solo con sus vacunas sino reclutando el mayor número posible de voluntarios que se sometiesen a las picaduras de piojos.
Como bien se sabe, una de las mayores transmisiones de la enfermedad del tifus es a través de los piojos, pero no por su picadura en sí, sino que son sus heces las que están contaminadas y se transmite/infecta en el momento que alguien se rasca y mezcla ese deshecho orgánico del insecto anopluro con la sangre.
Para ello realizó unas pequeñas cajas (que tenían un pequeño orificio en el reverso) en las que se colocaba un piojo (pulga, chinche, o garrapata) en cada una y que se ataban varias en las extremidades de los voluntarios con unas correas. Los insectos cuando ‘tenían hambre’ picaban a su alimentador y éstos, por mucho que le doliese dicha picadura, no podían rascarse, por lo que no contraían el tifus.
Weigl necesitaba tener miles de ejemplares bien alimentados de sangre de personas sanas para después crear todas las dosis necesarias para las vacunas contra el tifus.

Así fue como muchos de sus amigos y colegas se colocaron a trabajar como voluntarios alimentadores de piojos. Solo tenían que prestar el servicio unas pocas horas al día y el resto del tiempo volvían a los guetos en los que se les obligaba vivir. A través de ellos el científico pudo hacer llegar miles de dosis de la vacuna a personas en serio riesgo de morir de tifus (debido a la gran cantidad de piojos que había en esos lugares).
Como nota anecdótica, cabe destacar que uno de los voluntarios que se dedicaron a alimentar los piojos del laboratorio de Rudolf Weigl fue el célebre matemático Stefan Banach, quien iba a ser apresado por los alemanes pero que logró salvar su vida gracias a que el científico lo contrató en su instituto. Banach logró sobrevivir a los nazis, pero lamentablemente  falleció tras finalizar la IIGM a causa de un cáncer de pulmón.

Fuente:https://es.yahoo.com/noticias/el-cientifico-que-gracias-los-piojos-engano-los-nazis-y-logro-salvar-la-vida-cientos-de-judios-polacos-080940148.html

domingo, 21 de octubre de 2018

Huso horario en España


Las peripecias del huso horario en España se remonta al siglo XIX, cuando la hora civil estaba marcada por el meridiano de Madrid, que está situado a tres grados 41 minutos al oeste, y cada provincia tenía una hora dependiendo de su situación geográfica, es decir, que dependía del meridiano local.
Estas diferencias horarias se intentaron regular en la conferencia del meridiano de 1884, pero no hubo ningún acuerdo sobre los husos horarios. Sin embargo, se tomó una importante medida al establecer el meridiano de Greenwich como el que marcaría el punto 0. La regulación internacional de los husos horarios se realizó finalmente en la conferencia de París de 1912, donde se aprobó un huso horario cada 15 grados de longitud como ya habían regulado los científicos años antes.
La disparidad de horarios en España se unificó el día que comenzó el siglo XX, el 1 de enero de 1901, cuando el gobierno decretó que la hora oficial sería la del meridiano de Greenwich, la conocida como GMT (Greenwich Meridian Time).
Esta hora se aplicó en todo el territorio español incluidas las islas Canarias, territorio que no retrasó su hora respecto a la Península y Baleares hasta el 11 de febrero de 1922.
La idea de cambiar la hora dos veces al año para aprovechar mejor las horas de luz surgió en el año 1905, cuando el constructor inglés William Willett se dio cuenta de que la mayoría de los británicos no disfrutaban de la mañana porque estaban durmiendo. Además a Willett, muy aficionado al golf, le fastidiaba acortar su recorrido cuando el crepúsculo se le echaba encima.
Por ello, en 1907, William Willett presentó un informe con su idea de adelantar y atrasar la hora en primavera y en otoño respectivamente. Una solución que no se aplicó hasta 1916 en Alemania y los territorios que ocupaba. Rusia lo empezó a aplicar en 1917 y Estados Unidos en 1918. No obstante, no fue hasta el 15 de abril de 1918, cuando se reguló este cambio internacionalmente y se aprobó la aplicación del 'horario de verano' o Daylight Saving Time (DST) en todo el mundo.
España ha sido siempre un país peculiar con respecto al cambio horario y, a pesar de la convención internacional del DST, la hora no se cambió los años comprendidos entre 1920 y 1923, en 1925 y entre 1930 y 1936. Al iniciarse la Guerra Civil, el caos se apoderó incluso de los relojes, ya que la zona republicana y la zona sublevada tenían horarios diferentes. Como ejemplo, en el año 1938, el Gobierno republicano sumó una hora a los relojes el 2 de abril y veintiocho días después volvió a sumar otra, mientras que el Gobierno del bando sublevado sólo sumó esa hora el 26 de marzo.
Esta diferencia horaria hizo que el año 1939 empezara una hora antes en la zona republicana que en la zona sublevada, horario que se unificó al finalizar la guerra el primero de abril de ese mismo año.
Esta hora era la correspondiente al meridiano de Greenwich, pero el 15 de marzo de 1940 se produjo un gran cambio. El territorio español peninsular y Baleares adoptaron el horario GMT +1, con lo que estos territorios pasaron a tener la misma hora que el meridiano de Berlín, que era el que marcaba la hora en todos los territorios controlados por el III Reich, es decir, de los Pirineos hasta Rusia, exceptuando Grecia y Finlandia. Este horario es conocido actualmente como CET (Central European Time).
La consecuencia más evidente de este horario fue que se empezó a establecer en función de las horas de luz, el horario laboral de ocho a tres, lo que propició el pluriempleo, muy común en la posguerra como único modo en que un trabajador podía mantener a su familia.
La regulación del horario de verano no se realizó por parte del gobierno español hasta 1981, cuando se estableció el cambio de hora el último domingo de marzo y el último domingo de septiembre. Esta norma regulatoria sufrió una modificación en 1996 cuando se estableció que el cambio de hora del verano al invierno se realizara el último domingo de octubre.
Fuente:  http://www.expansion.com/sociedad/2018/09/01/5b8ab9c8468aebe1308b460e.html


El cambio de hora

 Aquí puedes encontrar un reloj con la hora exacta del lugar desde el que te conectas, además de información de utilidad como el próximo cambio horar

Bienvenido a hora.es

 

 

jueves, 4 de octubre de 2018

Los yamnayas, el pueblo que aniquiló a los varones de la península Ibérica

Hace más de cinco mil años, grupos de pastores llegaron del norte y el este de Europa al resto del continente. Eran los yamnayas, un pueblo fantasma, que contaban con varias señas de identidad que determinaron el porvenir del Viejo Continente y de la península Ibérica. A ellos les debemos la tolerancia a la lactosa, una genética ancestral y una de las grandes innovaciones de la Historia: las carretas con ruedas.

Sus descendientes ocuparon la península Ibérica 500 años después y eliminaron a los varones locales, tal y como publicó El País. Esta teoría se difundió en el evento New Scientist, donde el científico genetista, David Reich, fue más allá.
Allí explicó que los estudios actuales confirmaron que el cien por cien de los cromosomas ‘Y’ en España y Portugal proceden de los yamnayas. Estos cromosomas son transferidos por los padres. Eso indica que aquellos invasores fueron tan innovadores y violentos que desplazaron a los machos locales.
Ellos ganaron una cruenta guerra antes de la Edad de Bronce: la de seducir (o poseer a la fuerza) a las mujeres. Y con ello cambiaron el mapa genético del suroeste de Europa.

Los yamnayas fueron una cultura nómada que predominó en Rusia, concretamente en la región de los Urales. Una de las características de esta población es cómo enterraban a su fallecidos, ya que los colocaban en tumbas en posición fetal y los cuerpos eran enterrados en ocre. 
Muchos científicos piensan que los yamnayas introdujeron la lengua indoeuropea, idioma madre de muchas hablas de Europa. Aunque la característica más asombrosa fue la importancia genética de su predominio. Tan solo se descubrieron 300 hallazgos de este pueblo, los suficientes como para determinar que los cromosomas Y que se encuentran en los europeos en la actualidad provienen de ellos. 

Los yamnayas fueron invasores y llegaron a distintos puntos de Europa, como la península Ibérica, para quedarse en el mapa genético de la población, algo que consiguieron tras borrar a los varones locales.
La colisión de estas dos poblaciones no fue amistosa, sino que los hombres llegados del exterior desplazaron a los hombres locales casi por completo”, sentenció el genetista Reich.
Fuente:  https://es.noticias.yahoo.com/los-yamnayas-el-pueblo-que-aniquilo-los-varones-de-la-peninsula-iberica-221203213.html