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sábado, 15 de febrero de 2020

Por qué triunfan las ideas de negocio más absurdas

Piedras del campo como mascotas y agua del grifo a precio de oro son algunas de las ocurrencias que
contra todo pronóstico lograron ventas millonarias. ¿Milagro del márketing o es que las ideas tenían más miga de lo que parecía?

 ¿Quiere lanzar una 'start up' pero no acaba de encontrar la idea de negocio adecuada? No se desespere. El éxito no siempre pasa por ofrecer algo mejor o más barato que la competencia. O crear un producto disruptivo (lo que quiera que eso signifique). Y si no, que se lo digan a Gary Dahl, que se hizo millonario en los años 70 vendiendo... piedras del campo. El publicista estadounidense se encontraba en la barra de un bar escuchando cómo unos amigos se quejaban de sus mascotas. Así que decidió crear la única mascota que no requería cuidado alguno: Pet Rock. La idea hizo gracia al público y aunque su éxito fue efímero, Dahl se hizo millonario.

una idea de negocio que funcione no tiene por qué satisfacer una necesidad funcional. A veces es suficiente con con que resuelva un deseo. Wishbone es un ejemplo literal de ello. En Estados Unidos existe la tradición de partir una espoleta de pavo en Acción de Gracias para pedir un deseo. Como el pavo sólo tiene un hueso de esas características, un emprendedor, Ken Ahroni, decidió fabricarlos en plástico. Se hizo rico. "Es un negocio que resuelve un deseo y por eso tiene sentido", dice Guerra.


El valor de la extravagancia

La originalidad y el sentido del humor que emanan del producto son valores en sí mismos, ya que permiten al cliente identificarse con ellos. "Hay quien se enamora del concepto", comenta Francisco Torreblanca, profesor de ESIC. "Sea o no absurdo, es importante diferenciarse del mercado. Si no puedes competir por precio o diseño, hay que intentar ofrecer algo nuevo".
Por otro lado, Torreblanca destaca también la importancia del componente emocional. En el caso de Pet Rock, explica que Dahl "arropó" el concepto con aspectos que le aportaban un valor añadido: un par de ojos para humanizar la piedra, una cestita y un manual de instrucciones de 32 páginas, lleno de gags y juegos de palabras: "De ese modo, pasó de un producto que no tenía valor a crear algo emocional. Se puede vender cualquier cosa si se sabe cómo".
Algo así debió de pensar Craig Zucker, un emprendedor veinteañero que triunfó en 2008 vendiendo agua del grifo. Zucker se dio cuenta de que el agua de Nueva York era tan buena como cualquier agua mineral y decidió embotellarla y venderla a precio de oro. Lanzó así TAP'D NY, una start up que llegó a vender más de 50.000 botellas, cerrando acuerdos con 75 negocios de la Gran Manzana. La clave radicaba de nuevo en el componente emocional. En sus divertidos envases, TAP'D NY presumía de que "ningún glaciar había sido dañado para fabricarla", y que no había realizado "un viaje de 6.000 millas desde lo alto de alguna montaña lejana". De este modo, lograba asociar el producto a conceptos positivos como el consumo local, y por tanto ecológico, mezclado con la irreverencia y el sentido del humor.
Lo importante, por tanto no es la idea en sí, sino la acogida que pueda tener en el mercado o, al menos, en un determinado target. "Las start up no fracasan por tener buenos o malos productos. Fracasan porque no hay clientes", recuerda Guerra.
La originalidad, e incluso la extravagancia, pueden ser un primer paso para abrir un nicho de mercado. Pero también entraña sus riesgos. Para empezar, siempre le pueden copiar su idea. Además, el factor sorpresa acaba pronto. "Hay que que dar continuidad a esa originalidad, pensar qué otra cosa lanzar", dice Torreblanca. A menos que, como Dahl, le haya dado tiempo a hacerse rico antes.

Fuente:  https://www.expansion.com/expansion-empleo/2019/11/19/5dce8a2ce5fdea145f8b4631.html

sábado, 30 de noviembre de 2019

Los 10 comportamientos que tiene la gente inteligente

“Estúpido es el que hace estupideces”. La gran ironía de Forrest Gump es lo profundas que son en realidad las frases que decía. Un poco como el opuesto del personaje de Peter Seller en el clásico Desde el Jardín (Being There). Todo el mundo pensaba que el jardinero Chance era brillante, pero en realidad era bastante bobo, aunque un bobo que (spoiler alert) podía caminar en agua.
Por si no le entendiste, lo que Gump quería decir es que uno es lo que hace. En otras palabras, no importa qué tan inteligente crees que eres o que debas ser, si siempre estás haciendo cosas tontas, eres un tonto.
Estoy seguro de que esto acaba de ofender a la gente políticamente correcta. ¿Quieres saber lo que les diría? Que el estúpido es el que hace estupideces. Si no puedes discutir algo tan elemental como la inteligencia humana por miedo a ofender a alguien, no me importa lo listo que crees que eres, estás rebajando tu inteligencia.
Los inteligentes son ridículamente importantes y te voy a decir por qué. La gente inteligente toma decisiones inteligentes y ése es el factor más importante a la hora de determinar cómo te va en la vida.
 

Una de las decisiones más inteligentes que puedes tomar es la de rodearte de gente inteligente en tus relaciones laborales. Y aclaro, no me refiero a los que creen que son inteligentes pero hacen cosas tontas, sino a los verdaderamente inteligentes. Como no llevamos métricas de nuestra inteligencia en la frente, aquí te dejo algunas formas de saber si alguien es inteligente o no. Revisa esta galería que empieza con lo obvio.

1. Toman decisiones inteligentes

La gente inteligente sabe que sus acciones tienen consecuencias. También saben que los resultados en los negocios se consiguen una decisión a la vez. En otras palabras, unas cuantas llamadas no te harán omnipotente. Para tomar buenas decisiones de manera constante necesitas disciplina y concentración.

2. No tienen todas las respuestas

Hay un viejo dicho que va: “Aquéllos que creen saberlo todo están molestando a los que sí lo sabemos todo”. Suena gracioso, pero si lo dices en serio es bastante molesto. La gente inteligente no necesita una reafirmación constante de su inteligencia, por lo que no actúan como cerebritos que lo saben todo, sino que son lo suficientemente inteligentes para entender lo mucho que no saben.

3. Aprenden de sus errores

Desde nuestros primeros pasos hasta los últimos, todo en la vida lo aprendemos a prueba y error. Todos cometemos errores porque es la forma en la que aprendemos. La gente inteligente aprende de ellos. Después de todo, si no te enfrentas a la realidad y te juzgas con honestidad nunca podrás mejorar.

4. Se rodean de gente inteligente

Un hombre no es una isla. Hay individuos inteligentes, pero los equipos inteligentes trabajan mejor. Puede que Steve Jobs haya sido un controlador obsesivo, pero aún así se aseguró de que por lo menos ocho o nueve personas en su equipo fueran los más talentosos que encontró y les enseñó a hacer lo mismo con sus equipos. Eso es ser inteligente.

5. No se les cierra el mundo

Como la inteligencia humana es una ventaja evolutiva (digamos que no tenemos una neocorteza cerebral nada más porque sí), la gente inteligente suele ser más adaptable y creativa a la hora de utilizar su entorno para lograr resultados.

6. Pueden razonar

Nunca podré entender esto: incluso cuando les presentas evidencia irrefutable de su error, hay personas que no son capaces de aceptar que se equivocaron, y se aferran a su error como si su vida dependiera de ello. Sin pensamiento crítico, razonamiento lógico, causalidad y método científico seguiríamos viviendo en la Edad Media.

7. No siguen modas

Vivimos en la época de oro de las modas y la pseudo ciencia. Francamente, nada representa mejor la confusión de nuestra sociedad como lo que se retrató con tanta precisión en Idiocracy, la parodia futurista de Mike Judge. El Urban Dictionary la describe como “una película que nació siendo una comedia pero se convirtió en un documental”. Cierto.

8. No gastan lo que no tienen

No me malinterpretes, todos nos excedemos un poco cuando somos jóvenes, pero una vez que has logrado algo que no quieres perder, no es nada inteligente arriesgar tu estilo de vida gastando más de lo que tienes.

9. Suelen ser sus peores enemigos

Considerando lo desarrollados que son nuestros lóbulos frontales, todos tenemos, por lo menos, un punto ciego emocional que nos persigue. En muchas ocasiones esto suele ser lo opuesto a lo que los hace tan inteligentes. Como el Ying y el Yang, ambos se necesitan para coexistir.

10. No siempre son los emprendedores más exitosos

En mi opinión, cuando de negocios se trata, la inteligencia es necesaria pero no lo es todo. Y no estoy hablando de gente tramposa que hace negocios turbios ni de alguien que construyó su fortuna con una sola buena decisión comercial. Para crear y dirigir un negocio exitoso a lo largo del tiempo tienes que ser listo. Punto.
Fuente: https://es.yahoo.com/finance/noticias/10-comportamientos-gente-inteligente-143500915.html