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sábado, 30 de marzo de 2019

Mercurio es en realidad el planeta más cercano a la Tierra

Últimamente, todo lo que creíamos saber sobre el Sistema Solar parece tambalearse. Muchos estudiamos en el colegio a Plutón como un planeta, ya no lo es. Parece que lo mismo va a suceder con el orden en el que estudiábamos la disposición de los planetas. Venus ya no es el planeta más cercano a la Tierra, ahora lo es Mercurio.
Es cierto que Venus es el que más se acerca a la Tierra pero Mercurio es el que permanece más tiempo cerca de nosotros. En un artículo publicado en la revista Physics Today, de los ingenieros Tom Stockman, Gabriel Monroe y Samuel Cordner se explica que se ha difundido la idea equivocada de que Venus es el más cercano.

 



El error llega al punto de que incluso la NASA habla de este supuesto orden de los planteas. Deberíamos decir que es el planeta que se nos acerca más, pero si hacemos la media, Mercurio es el que permanece más tiempo a nuestro lado, hablando en aspecto figurado, claro.
Cuando se calcula la distancia que hay entre dos planetas, se suelen restar las distancias medias de esos mundos al Sol. Pero ahí, precisamente, es donde está el error, ya que ese cálculo solo sirve para conocer a qué distancia están dos planetas cuando se encuentran en el punto más cercano posible el uno del otro.

En el articulo de Physics Today se explica que los tres autores han ideado una nueva técnica matemática llamada “método de punto-círculo”, para medir con más precisión esta distancia. Se establece un promedio con la distancia a la que el planeta se encuentra en un gran número de puntos a lo largo de su órbita, y tiene en cuenta también cuánto tiempo pasa cada planeta a una distancia concreta de los demás.
Usando esta técnica vieron que Mercurio es el que permanece más tiempo cerca de la Tierra. También es el más cercano a Saturno, Neptuno, Marte y todos los demás planetas del Sistema Solar. Puede que nos cueste asimilar esta información pero tenemos que entender que las órbitas de los distintos planetas no tienen una forma circular perfecta alrededor del sol ni se mueven a la misma velocidad. Mercurio tiene una órbita más cercana al sol y eso hace que pase más tiempo cerca de los otros planetas que cualquier otro.

 Estos ingenieros ponen un ejemplo. Imagine que su vecino de la puerta de al lado pasa ocho meses al año en el extranjero. Si le preguntan cuál es su vecino más cercano, ¿qué respondería? Cuando está en casa, sin duda el más cercano sería el vecino de la puerta contigua, pero el vecino que pasa más tiempo cerca de usted pasaría a ser el de la siguiente puerta ya que su vecino inmediato pasa fuera de casa ocho meses cada año.
Fuente:  https://es.noticias.yahoo.com/mercurio-es-en-realidad-el-planeta-mas-cercano-la-tierra-122500809.html




domingo, 21 de octubre de 2018

EL NACIMIENTO DE LA LUNA



 Un planeta del tamaño de Marte chocó contra nuestro planeta y de los escombros del impacto nació el satélite.

La Luna es hoy un astro inactivo, pero su historia es una sucesión de eventos catastróficos. Nació ´arrancada´ de la Tierra por el choque contra un pequeño planeta y luego sufrió un bombardeo de asteroides que provocó los cráteres que hoy vemos. Además, la lava inundó su superficie y luego se solidificó.


 Debido a su cercanía a la Tierra (dista de nosotros una media de 384.400 kilómetros), es posible observar su relieve a simple vista, con prismáticos o con un telescopio sencillo. En la actualidad se considera la Luna un astro ´muerto´, es decir, que apenas presenta actividad sísmica o temblores, aparte de carecer de atmósfera. Pero ¿cómo surgió nuestro satélite? ¿Cuándo y cómo se formó?
Entre las hipótesis existentes sobre el origen de la Luna, la más aceptada es la del gran impacto, formulada por Hartmann y Davis en 1975. Las hipótesis siempre son revisables y esta, como tantas otras, es difícil de contrastar con la experiencia. Es una hipótesis que se basa en la composición de los 382 kilos de rocas lunares traídas por las diferentes misiones Apollo.

Esas rocas contienen tanto elementos terrestres como elementos exteriores. Eso evidencia que la Luna sería el resultado de la colisión de la Tierra recién formada, con una temperatura de 1.200 ºC y océanos de lava (nada que ver con el planeta azul con aire actual), contra un pequeño planeta, también en formación. Ese choque ocurrió hace unos 4.500 millones de años cuando nuestro Sistema Solar se estaba formando.
Ese protoplaneta, al que normalmente se denomina Theia, tenía un tamaño como Marte (1/10 parte de la Tierra) y pudo haberse desviado de su órbita atraído por la gravedad de otros planetas en formación, como Venus. Entonces colisionó con la Tierra a una velocidad de 40.000 kilómetros por hora. Este impacto provocó un incremento de la temperatura de la Tierra hasta 10.000 grados ºC. El protoplaneta se fusionó con nuestro mundo e incorporó parte de su material.

El impacto resultante lanzó hacia el espacio escombros de Theia y la Tierra, que formaron un anillo de rocas y polvo alrededor de la Tierra. Estos escombros se unieron progresivamente bajo el efecto de la gravedad formando una esfera: la Luna.
Posteriormente, en el periodo comprendido entre 4.100 y 3.800 millones atrás, la Luna sufrió continuos impactos violentos de asteroides. Fue la época llamada de bombardeo intenso. Esto provocó la mayor parte de cráteres visibles sobre su superficie.
También se pueden observar grandes manchas oscuras, llamados mares (así lo parecen, vistos desde nuestro planeta) pero que en realidad son extensiones planas de lava solidificada cuya antigüedad se remonta entre 3.800 y 1.000 millones de años. Fue entonces cuando tuvo lugar una época de vulcanismo, en la que la lava surgida del subsuelo a través de fisuras y grietas inundó las partes más bajas de la superficie, formando dichos ´mares´.
Después de la época volcánica, tuvo lugar otro periodo de caída de asteroides sobre su superficie, si bien con menos intensidad que durante la era del ´bombardeo intenso´.

Fuente: http://www.diariodeibiza.es/cultura/2018/06/10/gran-colision-tierra-provoco-nacimiento/994431.html


domingo, 7 de octubre de 2018

Los días son cada vez más largos porque la Luna se aleja de la Tierra



La Tierra y su satélite natural han bailado juntos a diferentes ritmos y distancias durante los últimos
4.500 millones de años. La Luna ejerce una poderosa influencia en multitud de aspectos en nuestro planeta: ciclos biológicos en infinidad de especies, las mareas… y también la duración de nuestros días y noches que dependen en buena medida de la distancia entre los dos cuerpos.
 Luna se está alejando de nosotros. En la actualidad nuestro satélite se encuentra a una distancia 18 veces mayor que cuando se formó.
 


Un nuevo estudio de la Universidad de Wisconsin-Madison vuelve a confirmar que nuestro satélite sigue alejándose y ese distanciamiento provoca que los días sean cada vez más largos. De hecho, lo han medido y estiman que la Luna se está alejando de nosotros a una velocidad de 3,82 centímetros al año, lo que significa que los días se alargan 0,00001 segundos cada año.
 Puede parecer insignificante, y por supuesto ninguno de nosotros notamos alguna de sus consecuencias. Sin embargo estos minúsculos cambios pueden ser muy importantes para numerosos sistemas tecnológicos que necesitan de una altísima precisión. Sistemas de geolocalización como el GPS, funcionamiento de satélites, tráfico marítimo y aéreo o incluso lanzamientos y misiones espaciales pueden verse afectados si no se tienen en cuenta estos cambios milimétricos.


Existen diferentes maneras de medir la distancia a la Luna, la más conocida es utilizando los espejos que las misiones Apollo dejaron sobre su superficie y utilizar láseres para medir el tiempo de ida y vuelta. Pero estos métodos solo nos dicen la distancia actual de la Tierra a la Luna.
Lo que han querido hacer los investigadores en este nuevo estudio va mucho más allá: analizar esos cambios en la distancia de los dos cuerpos a lo largo de millones de años y relacionarlos con registros geográficos que se puedan estudiar aquí en la Tierra.
Esa conexión les ha llevado por ejemplo a relacionar la frecuencia de estas variaciones en la órbita, con las formaciones Xiamaling en el norte de China, de 1.400 millones de años de antigüedad, y con un registro de 55 millones de años de la cresta Walvis Ridge, en el océano Atlántico Sur. La órbita de nuestro satélite tiene consecuencias globales y estos sedimentos pueden ayudarnos a estimar su distancia.
El objetivo del estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, ha sido evaluar de manera fiable sedimentos y capas de rocas de registros geológicos y relacionarlos con la dirección del eje de rotación de la Tierra y la órbita tanto en tiempo más reciente como en el tiempo profundo pudiendo así determinar la duración del día y la distancia entre la Tierra y la Luna en esas épocas.
Analizando estos registros geográficos los investigadores pueden ofrecer una estimación de cuánto duraba el día en la Tierra en esa época, y los resultados son interesantes: hace 1.400 millones de años un día duraba 18 horas. La Luna se encontraba mucho más cerca de nosotros y su influencia se quedó plasmada en esos sedimentos que hoy nos ha servido para estimar su distancia y la duración del día.
En estudios posteriores los investigadores desean ampliar estas estimaciones a otros periodos de nuestra historia geológica, en la búsqueda de una visión más completa de la relación con nuestro satélite y la influencia en cada momento.
Referencias científicas y más información:
Stephen R. Meyers, Alberto Malinverno, “Proterozoic Milankovitch cycles and the history of the solar system” PNAS June 4, 2018.  201717689; DOI/10.1073/pnas.1717689115
Kelly April Tyrrell “Thank the moon for Earth’s lengthening day” University of Wisconsin-Madison

https://es.yahoo.com/noticias/los-dias-son-cada-vez-mas-largos-porque-la-luna-se-aleja-de-la-tierra-203540854.html

PREGUNTA:
¿QUÉ PASARÍA SI NO HUBIESE LUNA?

domingo, 27 de mayo de 2018

¿Cuál es el riesgo de que un asteroide o cometa de gran tamaño choque con la Tierra y provoque devastación sustantiva?

El riesgo existe y, definitivamente, un evento destructivo de esa naturaleza sucederá algún día. Ya ha sucedido y volverá a suceder, si bien hasta donde se conoce la probabilidad de que un impacto mayor suceda en el futuro cercano es muy reducida. Por ejemplo, el centro CNEOS de la NASA, dedicado a rastrear objetos que puedan pasar cerca de la órbita terrestre y a medir su riesgo de impacto, señala que actualmente ha identificado dos posibles riesgos de colisión entre 2050 y 2075, pero en ambos casos la probabilidad de que esos asteroides no choquen con la Tierra es hasta el momento 99.999%.

Así, aunque no habría catástrofes en puerta, sí han sucedido recientemente encuentros singulares y cercanos con asteroides. Uno de ellos es el caso del “asteroide perdido”, denominado 2010 WC9, que fue por primera vez detectado en 2010 pero luego se le perdió la pista. Como relata el portal Space, el asteroide tiene entre 38 y 119 metros de diámetro y pasó cerca de la Tierra, a la mitad de la distancia entre el planeta y la Luna (203,000 kilómetros), el pasado 15 de mayo.
No implicó por ello ningún riesgo de colisión, pero ha llamado la atención que tras ser detectado a finales de 2010 se le siguió la pista durante 11 días y luego ya no fue posible seguir su rastro hasta que, el pasado 8 de mayo, fue detectado de nuevo. Por ello se le ha denominado el “asteroide perdido” y esa peculiaridad suscitó comentarios sobre la posibilidad de que objetos que pudieran impactar la Tierra pudieran ser detectados solo cuando ya están muy cerca y, por ende, cuando su potencial efecto destructor sería inminente y demasiado próximo para poder evitarlo.

Ciertamente se han dado casos en que asteroides son detectados únicamente a poco de que pasen cerca de la Tierra, como fue por ejemplo el asteroide 2018 GE3, del tamaño de un campo de futbol y que fue identificado solo unas horas antes de que cruzara cerca, a la mitad de la distancia entre el planeta y la Luna, el pasado 15 de abril, de acuerdo al portal LiveScience.
Pero el “asteroide perdido” en realidad no lo estaba, pues las observaciones realizadas en 2010 permitieron calcular que volvería a las cercanías de la Tierra alrededor del 14 mayo de 2018 y que no colisionaría con el planeta. Así, la predicción fue certera y por ello, aunque no resultó visible por bastante tiempo, al final el 2010 WC9 volvió a las inmediaciones de la Tierra como se había previsto, sin haberse realmente “perdido” o causar sorpresa con su llegada.
En todo caso, dado que no es muy común que asteroides de cierto tamaño pasen cerca de la Tierra, la llegada de objetos como los citados (con o sin sorpresa incluida) causa mucho interés y fascinación entre los científicos y los aficionados a la astronomía. Por ello, visitar sitios como Minor Planet Center, de la Unión Astronómica Internacional, el apartado sobre asteroides y cometas del sitio de la NASA y el citado CNEOS provee información actualizada y fascinante para quien desee seguir el tema.
Y quien quiera, además, ponderar escenarios de hipotéticos choques con la Tierra, el simulador ImpactEarth de la Universidad de Purdue es una herramienta interesante que incluso calcula los potenciales daños que un impacto de cierta magnitud (el usuario puede aportar los valores) podría producir en el planeta.
En todo caso, actualmente no existe riesgo conocido que requiera llamar a Bruce Willis como en la popular cinta ‘Armageddon’ y, en realidad, lo que se muestra en esa película en realidad no resultaría muy efectivo para proteger de la devastación a la Tierra en el caso de que un asteroide mayor avanzara hacia ella. En cambio, sí existen esquemas como la misión de la nave DART, que será lanzada a finales de 2020 con el objetivo de impactar contra un pequeño asteroide y medir el efecto de ello en su órbita, o el proyecto conceptual Hammer que propone también desviar la trayectoria de un satélite mayor con un impacto de una nave mayor o con la detonación de un dispositivo nuclear.
Fuente: https://es.noticias.yahoo.com/el-asteroide-perdido-que-paso-inusualmente-cerca-de-la-tierra-213708524.html?guccounter=1 


Ío, la fascinante luna de Júpiter con cien volcanes en erupción

sábado, 24 de febrero de 2018

SISTEMA SOLAR


Sol, el dios que da la vida


Luna, estable y protectora


viernes, 5 de mayo de 2017

¿Qué pasaría en la Tierra si no existiese la Luna?


El satélite de la Tierra no es solo ese disco que gira alrededor del planeta y cuyo variable perfil brillante vemos sobre todo en la noches, reflejando la luz que recibe del Sol. La Luna explica una parte importante de algunos de los fenómenos que ocurren sobre la Tierra. Si no existiese, estos se verían alterados.
Así cambiaría la Tierra sin Luna:

No existirían las estaciones tal como las conocemos


La Tierra, además de orbitar alrededor del Sol, gira sobre su propio eje con una inclinación de unos 23 grados. Esa desviación es la que hace posible las estaciones tal como las conocemos, ya que en función de la posición del planeta respecto al Sol los rayos inciden de manera más o menos vertical sobre cada una de las zonas de la superficie. Y ese equilibrio lo garantiza la Luna gracias a su fuerza de gravedad. Sim esta, la inclinación variaría de forma imprevisible. El resultado sería un caos climático de consecuencias devastadoras, con extinciones masivas de plantas y animales.

No habría mareas como ahora


Las mareas se generan sobre todo por la fuerza de la gravedad de la Luna y, aunque en las orillas del su desaparición ocasionaría cambios radicales sobre una fauna y una flora que se ha desarrollado en función de esas oscilaciones. Lo que quedaría serían unas mareas más débiles, causadas ya solo por la fuerza gravitatoria del Sol, más tenue.
Mediterráneo no siempre son reconocibles, sí que son mucho más evidentes en el Atlántico o el Cantábrico. Y de ellas no dependen sólo algunos sectores económicos relacionados con la pesca, el marisqueo o el turismo, sino que son claves en la vida sobre la Tierra. Las mareas resultan fundamentales en las corrientes marítimas y la actividad de los océanos y

Los días tendrían 8 horas


Además, la ausencia del efecto gravitatorio sobre la Tierra cambiaría radicalmente el ritmo de rotación del planeta, de forma que los días ya no durarían 24 horas, sino solo unas 8. Así cada año tendría 1.095 días. Esa velocidad de rotación tan alta redundaría también en cambios radicales sobre la superficie, ya que se generarían vientos mucho más potentes.

Las noches serían más oscuras


Acostumbrados como estamos a la iluminación artificial de nuestros pueblos y ciudades, apenas reparamos en la potencia lumínica de la Luna durante la noche. Pero la luz del sol que es capaz de reflejar nuestro satélite ilumina de forma suficientemente potente como para que una parte de la vida puede seguir desarrollarse de noche. Si éstas fuesen completamente oscuras, o iluminadas solo por las estrellas, muchas especies animales y vegetales podrían no adaptarse.

Adiós a los eclipses


Si desapareciese la Luna, ya no veríamos más eclipses solares y lunares, un fenómeno poco usual
pero que periódicamente sigue repitiéndose, despertando siempre la expectación de los humanos.



Menos mitos y romanticismo


La imaginación humana y el arte, desde la literatura al cine, han otorgado a lo largo de la historia un lugar preferente a la Luna. Religiones, mitos, novelas, poesías, canciones, supersticiones o todas la costumbres asociadas al calendario lunar€ el satélite está presente en multitud de creaciones intelectuales de la humanidad que ya no tendrían sentido.
Fuente:  http://www.diariodeibiza.es/sociedad/2017/04/07/pasaria-tierra-existiese-luna/908010.html