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sábado, 11 de diciembre de 2021

El niño de Turkana la humanidad nació en África

El 23 de agosto de 1984 cuando un experto buscador de fósiles encontró al llamado “Niño de Turkana”, el esqueleto mejor preservado de un primer homínido que se ha desenterrado hasta la fecha.

 Homo Ergaster, reproduction based in the remains of an hominid knowed as narikotome boy ( Turkana Boy )  in the chamber of evolution of the Museum of Human Evolution (MEH),  Burgos, Castile and León, Spain. (Photo by Cristina Arias/Cover/Getty Images)

Los restos óseos pertenecieron a un chico que murió antes de llegar a la pubertad en el Pleistoceno temprano, hace unos 1,5 millones de años, en el yacimiento keniano de Nariokotome y fueron descubiertos por Kamoya Kimeu, el paleoantropólogo que ha encontrado la mayor colección de fósiles de la historia.

 Kimeu y el resto del equipo liderado por el antropólogo Richard Leakey excavaron hasta encontrar los restos de tres especies coexistentes de Homos. Esos huesos fueron las primeras pruebas físicas que apoyan la teoría de que los humanos no evolucionamos de un solo linaje, sino que provenimos de varias especies.

 Y aunque fue clasificado inicialmente como un Homo erectus, luego de intensas deliberaciones fue reclasificado como un Homo ergaster, la primera especie de nuestros ancestros que fue bípeda, sin demasiado vello corporal, y que se parecía más a un humano de la actualidad que a otros primates

 

El pedazo del hueso tibia de un Australopitecos anamensis que encontró cerca del Lago Turkana probó que nuestros ancestros primates ya caminaban sobre dos piernas hace más de cuatro millones de años. Un cráneo de Homo sapiens de 195.000 años que encontró en el valle de Omo, en el sur de Etiopía en 1967, es el espécimen más antiguo que se conoce del hombre moderno.

Pero fue el niño de Turkana el que inmortalizó el legado de Kimeu.

FUENTE:

 https://es.noticias.yahoo.com/el-nino-de-turkana-el-increible-hallazgo-que-demostro-que-la-humanidad-nacio-en-africa-180013497.html

lunes, 2 de marzo de 2020

Arte neolítico

Arte neolítico


 La cerámica fue la primera manifestación del arte neolítico; otras importantes expresiones artísticas fueron las esculturas adoradas como diosas madres y monumentos megalíticos de piedra dedicados al culto religioso. Se ha encontrado cerámica neolítica en todas las regiones ocupadas por los pueblos del neolítico, desde el Próximo Oriente a través de África y desde el Mediterráneo a Europa y a las Islas Británicas. Generalmente son planas, con decoración simple — triángulos, espirales, líneas onduladas y otros motivos geométricos— en superficies lisas u onduladas.

Arquitectura del Neolítico

 Los monumentos neolíticos más importantes son los dólmenes, tumbas formadas por grandes bloques de piedra que forman la cámara funeraria, como el dólmen de Aizkomendia, en Álava, España; y los menhires (grandes piedras colocadas de pie, también llamadas megalitos) como los de Gran Bretaña, en Francia y los grandes círculos de piedras de Inglaterra, o crómlech, cuyo ejemplo más representativo es Stonehenge (3000-1000 a. C.). Son signos extremadamente significativos del desarrollo de esa cultura, dado que representan los comienzos de la arquitectura en Occidente.


Pintura del Neolítico

La pintura del Neolítico suele compararse con la del arte paleolítico y definirse por aquello que las diferencia:
  • Una mayor variedad de temas.
  • La figura humana gana importancia sobre la de los animales.
  • Estas figuras se vuelven más estilizadas y próximas al simbolismo en vez de naturalistas.
  • Se organizan múltiples elementos para la representación de escenas.
  • Aparecen más elementos de la naturaleza asociados a la fertilidad.

 En las pinturas neolíticas el cuerpo humano ocupa un lugar predominante, con aspecto algo primitivo aún y de colores monocromáticos.

martes, 29 de octubre de 2019

El sur de África la tierra ancestral del humano moderno


 La tierra ancestral donde surgieron los humanos de anatomía moderna ha sido localizada al sur del río Zambeze, sur de África, según un estudio publicado en la revista "Nature", que aporta el contexto geográfico a la evolución humana.

La investigación, liderada por el Instituto Garvan de Investigación Médica de Sydney (Australia), señala que ya era sabido que África había sido la tierra natal del humano como lo conocemos hoy, pero no la zona exacta de este origen.
La principal autora, Vanessa Hayes, de ese instituto australiano, indicó que diversas disciplinas fueron aplicadas para llevar a cabo este análisis, como la genética, la geología y la física climática.
La región identificada es hoy desértica y con salinas, pero en su día fue un gran lago dos veces más grande que el Lago Victoria.
El lago se dividió en otros pequeños hace unos 200.000 años hasta formar una gran zona húmeda donde los humanos se establecieron. Era una región verde y en ella permanecieron durante unos 70.000 años hasta que el clima cambió y empezaron a dispersarse, desencadenando las primeras exploraciones.
Estas migraciones dieron paso, añaden los científicos, al desarrollo genético humano y su diversidad étnica y cultural.
Las poblaciones migraron primero hacia el noreste y después al suroeste, y supusieron los primeros pasos hacia una migración fuera de África y, por último, hacia el resto del mundo.
"Antes del surgimiento del humano moderno, el lago empezó a secarse debido a un cambio en las placas tectónicas. Esto creó una gran zona húmeda, que es uno de los ecosistemas conocidos más productivos para sustentar vida", según Andy Moore, geólogo de la Universidad de Rhodes (Sudáfrica).
"Ha estado claro durante un tiempo que los humanos anatómicamente modernos aparecieron en África hace aproximadamente 200.000 años. Lo que se ha debatido durante mucho tiempo es el lugar exacto de esta aparición y la dispersión posterior de nuestros primeros antepasados", explicó Hayes.
Según la científica, el ADN mitocondrial (material genético) actúa como una "cápsula del tiempo", al acumular cambios a lo largo de las generaciones.
Para esta experta, comparar ese código genético de los distintos individuos ha permitido saber cuán relacionados están entre ellos.


Hayes y sus colegas tomaron muestras de sangre de comunidades locales para crear un exhaustivo catálogo de los mitogenomas (código genético completo) de los primeros humanos modernos.
"Nuestro trabajo no hubiera sido posible sin la contribución generosa de las comunidades locales", dijo Riana Bornam, profesora de Sanidad Pública de la Universidad de Pretoria.
"Fusionamos 198 mitogenomas nuevos y poco comunes a la actual base de datos de la población humana moderna más antigua conocida", lo que permitió a los expertos entender mejor el árbol de la evolución de "nuestras primeras ramas ancestrales", señaló Eva Chan, del citado instituto y a cargo de los análisis filogenéticos.


De esta manera, al combinar el linaje con la distribución lingüística, cultural y geográfica, el estudio reveló que el origen de los primeros "homo sapiens sapiens" (hombre moderno) se situó al sur del río Zambeze, un área de Botsuana, Namibia y Zimbabue.
Para entender estas primeras migraciones humanas, Axel Timmermann, de la Universidad Nacional de Pusan, analizó datos geológicos del sur de África de los últimos 250.000 años.

Según el experto, un cambio climático pudo crear corredores verdes por donde los antepasados migraron por primera vez.

"Estos primeros migrantes dejaron atrás una población en su tierra natal", indicó Hayes, y puntualizó que los descendientes de este grupo de seres humanos se puede situar hoy en Kalahari, sur de África.
La investigación se llevó a cabo bajo la consulta de las comunidades africanas locales y el visto bueno de sus líderes, precisa Nature.

Fuente:  https://www.diariodeibiza.es/sociedad/2019/10/28/nuevo-estudio-situa-sur-africa/1100813.html

domingo, 20 de octubre de 2019

¿Por qué se extinguieron los neandertales?


¿Por qué se extinguieron los neandertales?



Los neandertales, nativos euroasiáticos hoy resarcidos de su imagen de brutos gracias a los hallazgos científicos, que los han redescubierto como una especie muy parecida a la nuestra en múltiples aspectos. Pero hay algo que seguimos sin saber sobre ellos, y es por qué ya no están con nosotros.




El hombre de Neandertal es una especie de homínido que habitó Europa, Próximo Oriente y Asia Central hace aproximadamente 230.000 y 28.000 años, durante el final del Pleistoceno medio y casi todo el superior. Cuando fue descubierto, se creyó que era una especie distinta del Homo sapiens. No obstante, algunos investigadores lo consideran como una subespecie de Homo sapiens, ​conocido como Homo sapiens neanderthalensis.



 Los neandertales fabricaban herramientas, se vestían, controlaban el fuego y enterraban a sus muertos. Poseían la misma variante que nosotros del gen  FOXP2, esencial para el lenguaje, por lo que probablemente hablaban. Tal vez pintaban y grababan  en las paredes de las cuevas. Y en cuanto al canibalismo, no sólo los sapiens también lo hemos practicado, sino que incluso es posible que algunos neandertales fueran devorados por nuestros antepasados. 

Todo lo cual refuerza la pregunta: si eran tan semejantes a nosotros, ¿por qué desaparecieron? Dado que neandertales y sapiens sólo coincidieron en Europa durante unos 5.000 años tras la llegada de los segundos desde África, la hipótesis tradicional asumía que en la competencia por los recursos sólo pudo quedar una especie humana; los neandertales resultaron perdedores, bien por conflicto directo o quizá por un cambio climático que les afectó en mayor medida por su dieta más restringida y sus mayores necesidades energéticas.



La mayoría de los humanos actuales, exceptuando a los subsaharianos, conservamos en nuestro genoma en torno a un 2% de ADN neandertal, fruto de los antiguos cruces entre ambas especies.
Estudios recientes revelan que los neandertales desaparecieron de Europa hace unos 40.000 años, y que la sustitución de Homo neanderthalensis por nuestra propia especie, Homo sapiens, no fue rápida.
La convivencia entre ambas especies de homínidos pudo llegar a durar varios miles de años, según las regiones, dando lugar a un auténtico «mosaico» biológico y cultural que culminó con la desaparición definitiva de los neandertales.
En este proceso, la Península Ibérica fue el último reducto neardental del continente europeo, que pasó de ser un continente esencialmente neardental hace unos 45.000 años Europa a desaparecer en Iberia después de hace 40.000 años.
¿Qué les llevó a desaparecer después de vagar por la tierra durante tanto tiempo? Seguramente no existe una respuesta y, desde luego, no existe una respuesta única. ¿Les matamos nosotros? Es posible, aunque también desaparecieron de lugares que no habían alcanzado los sapiens. ¿Cambió su ecosistema con la llegada de nuestra especie? ¿Se adaptaban peor a las transformaciones? ¿Les dejamos sin caza? Puede ser. En cualquier caso, la confirmación de la complejidad de su inteligencia constituye una gigantesca advertencia sobre la fragilidad de todas las especies, incluida la nuestra.

La pregunta sobre qué fue lo que causó la desaparición del hombre de Neandertal ha generado numerosas teorías a lo largo de la historia que van desde el cambio climático, pasando por epidemias hasta la incapacidad de competir con el humano moderno que los aventajaba mental o culturalmente. También se barajó que tal vez los humanos modernos eran más inteligentes para controlar el territorio y asegurarse alimentos.
Algunas teorías:

https://www.bbvaopenmind.com/ciencia/investigacion/por-que-se-extinguieron-los-neandertales/



¿Desaparecieron los neandertales por comer demasiada carne?



miércoles, 9 de octubre de 2019

¿Por qué los hombres son los primates con el pene más grande?


La evolución de la locomoción bípeda que nos caracteriza tuvo consecuencias dolorosas para la madre y convirtió al neonato en un consumado contorsionista. También afectó al cuerpo del padre, en principio de manera más venturosa.
En las hembras de los mamíferos la vagina se abre en la parte posterior del cuerpo y se dirige hacia el interior en un plano horizontal algo inclinado hacia abajo. Esto facilita la progresión de los espermatozoides hacia el fondo en dirección al cuello del útero, un pasillo casi horizontal en cuyo fondo se encuentra el óvulo.

 En las hembras humanas la vagina y el útero forman un ángulo prácticamente recto. En el resto de los simios la disposición de ambos órganos es prácticamente horizontal.


Cuando la hembra de un simio está receptiva y el macho se le aproxima por la espalda, esta levanta sus cuartos traseros y, sin más carantoñas, el macho la monta para comenzar una brevísima cópula. Una vez inseminada, la hembra puede deambular sin perder el semen depositado en la vagina: al andar a cuatro patas no hay riesgo de que el fluido seminal resbale.
Este mecanismo tan universal, común en nuestros antecesores simiescos y cuadrúpedos hace unos 7 millones de años, se trastocó con la locomoción bípeda. Para conseguirla, los huesos pélvicos, los músculos y la disposición de las vísceras que ocupan la oquedad pélvica sufrieron transformaciones.
En la oquedad pélvica del macho solo están alojados la vejiga, la próstata y los intestinos. En la de la hembra, además de estas vísceras (excepto, obviamente, la próstata), se ubica el aparato genital, que aumenta de tamaño durante el embarazo.

Por tanto, mientras que la evolución hacia la marcha erguida no supuso grandes problemas para la anatomía interna del macho, fue un proceso que exigió profundas transformaciones en el aparato genital femenino. Una de ellas fue el desplazamiento de la vagina. Al modificarse la arquitectura de la pelvis, rotó hasta colocarse en la posición actual: abierta hacia delante y dirigida hacia arriba.
Las repercusiones que tuvo en nuestra evolución este hecho aparentemente banal han sido numerosas y han afectado a nuestro comportamiento antes y después de la cópula y a la estructura del aparato genital masculino.
Veamos las implicaciones que una vagina vertical y el deambular erguido tuvieron para la evolución del pene.
Si las carreras de los sanfermines se le antojan peligrosas, olvídelo. Para recorrido tortuoso, para carrera acongojada, frenética y desesperada, la que recorren los espermatozoides humanos para alcanzar su objetivo: fecundar al óvulo. Cada vez que un varón normal eyacula, produce entre cien y cuatrocientos millones de espermatozoides.
 Recorrido que han de realizar los espermatozoides hasta alcanzar el óvulo. El dibujo está hecho en un solo plano, pero téngase en cuenta que el útero se dispone perpendicularmente a la vagina.
Solo unos pocos espermatozoides privilegiados, luchando contra la fuerza de la gravedad y tras superar varias barreras químicas, físicas y biológicas, serán capaces de acercarse a las proximidades del óvulo. Solo uno logrará fecundarlo.

Uno frente a cuatrocientos millones. La razón para esta desproporción estriba, para empezar, en que en las mujeres la vagina es vertical mientras que el cuello uterino conserva su disposición original en el plano horizontal. Esto hace que ambos formen un ángulo casi recto, una abrupta esquina que deberán doblar los afortunados espermatozoides que, además de haber vencido a la fuerza de la gravedad, hayan sobrepasado el casi letal conducto vaginal.
Casi el 90% de los espermatozoides no lo supera. Esto es debido a que sus fluidos tienen un pH ácido que actúa como espermicida muy eficaz. Algo que se sabe desde muy antiguo: el lavado postcoital con ciertos ácidos débiles como el acético es el fundamento de un viejo y peligroso método anticonceptivo que ya se empleaba en la Grecia clásica.
A continuación, el diezmado pero veloz tropel seminal deberá entrar en el cuello uterino, unas horcas caudinas cuyo dintel está taponado por unas mucosidades pegajosas que atrapan a la inmensa mayoría de ellos. El resto, los más potentes y resistentes, están ahora en el cuello uterino, donde deben enfrentarse a las defensas inmunológicas que los reconocen como gérmenes extraños y que intentan aniquilarlos.
Atacados por legiones de leucocitos, la inmensa mayoría sucumbe allí. Apenas un centenar, los más veloces y mejor orientados, logra escabullirse para enfilar la recta final, las trompas de Falopio. En su interior, cómodamente instalado, aguarda el óvulo.
A tal exigencia, tal respuesta. El recorrido del eyaculado es tortuoso. La vagina es vertical. El bipedismo favorece la caída gravitacional del eyaculado. El conducto vaginal está lleno de peligros y forma un ángulo recto con el útero. Conclusión: lo mejor es que el semen acorte camino y sea introducido lo más profundamente posible.
Hete aquí que, además de por las causas que a todos nos vienen a la mente, las hembras han sido (y son, claro) la causa del alargamiento en tamaño del pene del hombre. Aunque en la mayoría de los casos no sea como para tirar cohetes, el tamaño del pene del hombre es extraordinario cuando se compara con el de otros primates. Entre ellos, alégrese hombre, no tenemos rivales.
Tomemos como ejemplo a nuestros parientes de mayor talla: los gorilas. Por término medio un gorila adulto dominante pesa alrededor de doscientos kilos, mientras que su diminuto pene en erección no sobrepasa los cinco centímetros. O sea, un centímetro por cada cuarenta kilos de masa corporal. Vea usted cómo no hay que desanimarse: pésese, mida y compare su peso y su talla. En los tiempos que corren toda alegría es poca.
Otra beneficiosa e incomparable consecuencia de la marcha erguida es el orgasmo. Quienes piensen que un pene más grande es capaz de proporcionar más placer a la mujer, al permitir mayores posturas copulatorias, que lo vayan olvidando. Los orangutanes, dotados de un miembro mucho más pequeño, son capaces de dejar en ridículo al hombre en cuanto a posturas sexuales. Su cópula dura hasta quince minutos, toda una dulce utopía para el común de los mortales.

Manuel Peinado Lorca es Catedrático de Universidad. Departamento de Ciencias de la Vida. Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.





Fuente: https://www.abc.es/ciencia/abci-hombres-somos-primates-pene-mas-grande-201907031050_noticia.html