
La peste negra, peste bubónica o muerte negra fue una pandemia de
peste que asoló Europa durante el siglo XIV, entre 1346 y 1347, estalló la mayor epidemia de peste de la historia de Europa,
tan sólo comparable con la que asoló el continente en tiempos del emperador Justiniano (siglos VI-VII). .
La
Muerte Negra asoló
Europa. Acabó con más de la mitad de
la población europea (unos 50 millones de personas de un total de 80) y
con unos 100 millones en todo el mundo. Solo el África subsahariana y
América se salvaron de la demoledora propagación de la bacteria
Yersinia pestis, que se transmitió por culpa de las pulgas que llevaban las ratas.
Origen y propagación
La peste negra de mediados del siglo XIV se extendió
rápidamente por las regiones de la cuenca mediterránea y el resto de
Europa en pocos años. El punto de partida se situó en la ciudad
comercial de Caffa (actual Feodosia), en la península de Crimea, a
orillas del mar Negro. En 1346, Caffa estaba asediada por el ejército
mongol, en cuyas filas se manifestó la enfermedad. Se dijo que fueron
los mongoles quienes extendieron el contagio a los sitiados arrojando
sus muertos mediante catapultas al interior de los muros, pero es más
probable que la bacteria penetrara a través de ratas infectadas con las
pulgas a cuestas. En todo caso,
cuando tuvieron conocimiento de
la epidemia, los mercaderes genoveses que mantenían allí una colonia
comercial huyeron despavoridos, llevando consigo los bacilos hacia los
puntos de destino, en Italia, desde donde se difundió por el resto del continente.
Más información
Cuando la peste negra hizo el trabajo de los sindicatos
El movimiento obrero surgiría como respuesta a la Revolución
industrial, primero como resistencia a la propia industrialización, que
destruía empleo, y más tarde como defensa de los derechos de los
trabajadores, sometidos a las duras condiciones laborales de las
fábricas. Las nuevas normativas europeas, desarrolladas a lo largo del
siglo XIX, permitieron la creación de los sindicatos (en España la
Federación Regional Española de la Asociación Internacional de
Trabajadores en 1870 y UGT en 1888).
Pero, caprichos de la historia o curiosidades de la vida,
cinco siglos antes sería la peste la negra la encargada de "proteger" los derechos de los trabajadores y emprender una serie de reformas en favor de sus condiciones laborales.
El siglo XIV fue una de esas épocas en las que, si echabas la vista
atrás, seguro que añorabas tiempos pasados y, si mirabas al frente,
deseabas que terminase ya aquella centuria porque pasó de todo.
Eran los tiempos en los que el humanista Petrarca inicia una campaña
en favor de recuperar la cultura clásica porque decía que tras la
decadencia de Roma la creación artística y literaria había caído en su
pozo sin fondo y que las musas se habían exiliado. Además, estamos en
plena Guerra de los Cien Años, una guerra intermitente que mantuvo en
armas a toda Europa durante 116 años. Y también comenzó la llamada
Pequeña Edad Hielo que influyó en las cosechas. Por aquel entonces la
sede papal se traslada de Roma a Aviñón (Francia), quedando los Papas
bajo el control de los reyes de Francia y, en palabras de Petrarca,
"adorando más a Venus y a Baco que a Jesucristo"... Y, para rematar la
faena, la peste bubónica o peste negra, llamada así porque se pensaba
que la transmitía directamente la rata negra. Aunque ueno, cuando llegó a
Europa en 1347, proveniente de Asia en los barcos de los mercaderes, se
culpó a los judíos...
La peste bubónica es una infección bacteriana grave transmitida
principalmente por las pulgas. El organismo que provoca la peste
bubónica,
yersinia pestis, vive en los pequeños roedores y se
transmite a los humanos por picaduras de pulgas que se alimentaron de
roedores infectados o por personas que tocaron animales afectados. La
forma más frecuente de la peste produce inflamación en los ganglios
linfáticos (bubones) de la ingle, las axilas y el cuello. Diezmó la
población mundial, sobre todo en Europa, donde fue la responsable de la
muerte de unos 50 millones de personas... y de las mejoras laborales de
los trabajadores.
La alta tasa de mortandad de la peste, que atacaba por igual a ricos y pobres, provocó una despoblación generalizada, siendo
mucho peor en el campo que en la ciudad, hacia donde muchos campesinos huyeron buscando algún remedio milagroso
de los profesionales de la medicina. Además, y aunque pueda parecer lo
contrario, las ciudades eran más "seguras" porque la progresión de las
enfermedades infecciosas es más lenta cuanto mayor es la densidad de
población. Las pulgas tenían más víctimas a las que atacar y, por tanto,
había más posibilidades de librarse de aquella macabra lotería.
El éxodo hacia las grandes ciudades permitió a estas compensar las
enormes pérdidas de población y, a la vez, provocó una grave crisis de
mano de obra en los feudos, las tierras que el señor otorgaba al vasallo
en el contrato de servidumbre o vasallaje. El campo quedó despoblado,
mientras la vida en las ciudades se revitalizaba. Los señores feudales
que sobrevivieron, acostumbrados a vivir de las rentas que les
proporcionaba el trabajo de sus vasallos, vieron cómo sus tierras se
vaciaban, sus cosechas quedaban sin recolectar, las rentas agrarias
caían estrepitosamente y los precios se derrumbaban. Así que, muy a su
pesar, no les quedó más remedio que optar por vender o arrendar las
tierras a precios muy bajos a quien las pudiera pagar o contratar a
campesinos pagándoles salarios más altos.
La peste negra había traído
mejoras salariales para los campesinos y cierto poder en la
"negociación colectiva en el sector agrario".
Aquella reconversión social y laboral permitió a terceros, ajenos al
mundo rural, ocupar el puesto de aquellos señores feudales que tuvieron
que vender o arrendar sus tierras. Aquellos terceros no eran otros que
una nueva clase social, la burguesía. Estos habitantes de los "burgos"
no eran ni chicha ni limoná: no eran señores feudales, pero tampoco
siervos; no eran de la nobleza ni del clero, pero tampoco campesinos;
eran mercaderes, artesanos o pertenecían a las llamadas profesiones
liberales (médicos, letrados...). El auge de las ciudades en la Baja
Edad Media había permitido a los burgueses acumular ciertas rentas que
ahora, con los estragos de la peste negra, podían invertir en el campo y
sustituir a parte de la vieja nobleza rural.
Los trabajadores del campo seguían siendo el eslabón más débil de la
cadena agrícola y los nuevos jefes les "apretaban" para que la
producción hiciese rentable su inversión. Pero, al contrario de las
tradicionales estrategias de la nobleza para aumentar la producción
-roturar más tierras y más horas de trabajo-, que habían quedado
obsoletas y en aquel momento eran inviables, la burguesía introdujo
nuevos métodos de cultivo y herramientas que racionalizaron el trabajo y
permitieron aumentar la productividad con menos trabajadores.
Fuente: https://www.eleconomista.es/historia/noticias/10241761/12/19/Cuando-la-peste-negra-hizo-el-trabajo-de-los-sindicatos.html